Día Mundial del Alzhéimer

Relato de una vida

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He sido camarógrafo durante más de cuarenta años. Trabajé cubriendo guerras, levantamientos, golpes de Estado y demás miserias, en el Congo, en Vietnam, en Chile y quizá en Eritrea, no lo recuerdo con seguridad, son tantos los lugares. El paso de los años emborrona las huellas y uno es incapaz de seguir su propio rastro, el paisaje se vuelve huidizo y las caras se desvanecen para padecer el desarraigo más inclemente.

Guardo las copias de los reportajes en mi videoteca personal, un par de estanterías que contienen más de doscientas cintas clasificadas y ordenadas por fecha de grabación. Un cúmulo de imágenes que se confunden en mi memoria como si mi cerebro hubiera aplastado el tiempo. No existe el pasado y el presente, Chile o Vietnam, el ayer y el hoy, no hay 15:35 ni 22:14.

Hay mañanas que los tejuelos de los VHS son simples números, un enigma que me frustra, cabrea y deprime porque ignoro la razón de su existencia. Después; comprendo el porqué y lo apunto en un trozo de papel para no olvidarlo, una nota que abandono en cualquier sitio y luego no encuentro, la mayoría de las veces ni la busco.

Ahora, ya retirado, fotografío lo cotidiano: una bicicleta, una cuchara, una manzana… Almaceno carretes y más carretes en la bañera de un cuarto con ventana ciega, un sitio oscuro que ya no utilizo. Mi sobrina, Lucía, me ha regalado una cámara digital. Dice que son más fáciles de usar, sólo he de mirar por el visor y apretar el botón, captan el instante y lo guardan automáticamente en la tarjeta de memoria. Las imágenes ni se estropean ni se pierden. Yo la miro y ella, aunque pretenda disimularlo, se emociona, se lo veo en los ojos. Es entonces cuando aprieto el botón y suena un “click”. Espero conservar esta fotografía todo el tiempo que me sea posible.

21 de septiembre Día Mundial del Alzhéimer

Microrrelato: Marcel Lemarc // Collage: Leticia Jiménez

Al otro lado del pijama

Dice Gabi Heras en sus conferencias sobre humanización que existen infinitas maneras de perder la salud y nos recuerda que todos nosotros, sin excepción, hemos vivido, vivimos o viviremos una situación inesperada a lo largo de nuestras vidas. Todos. Da igual tu dinero, tu poder, tu posición social… da igual, y si no nos ocurre a nosotros, será a un ser querido.

Cuando ese momento inesperado llega, muchos de nosotros nos volvemos tan vulnerables que apenas nos reconocemos. Por eso en sanidad es tan importante el trato humano, la empatía y todas esas cosas de las que tan a menudo hablamos en Cada 8 horas y que tanto nos preocupa, porque las hemos vivido en primera persona, con y sin el pijama puesto.

Por eso, cuando oímos que existían unas jornadas sobre humanización creadas por estudiantes de enfermería nos pareció una idea genial. Ojalá los estudiantes de este año continúen con esta iniciativa. Quisimos conocer quién estaba detrás de la idea inicial y qué movió a un grupo de estudiantes a crear estas jornadas, y fue ahí cuando conocimos a María Pascual. Os dejamos con ella:

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Hola. Mi nombre es María Pascual, soy enfermera y creadora junto a cinco compañeras más de carrera: Rocío Poole, Elena Valdivieso, Leyre Rodríguez, Alejandra Santiago y Almudena Fernández de la I Jornada Al otro lado del pijama celebrada en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid. Juntas comenzamos este proyecto hace ya más de un año.

Las chicas de Cada8horas querían conocer quién estaba detrás de estas jornadas de Humanización por eso hoy escribo este post contándoos el origen de todo.

Antes de pensar ni siquiera en crear nuestras propias jornadas sobre Humanización, unas cuantas compañeras de clase decidimos asistir a una conferencia con el nombre Lo que de verdad importa. En ella pudimos escuchar los apasionantes testimonios de cuatro ponentes acerca de sus vidas, de su lucha por conseguir sus objetivos y sueños, cómo afrontar las dificultades y sobre cómo aprender a valorar lo que de verdad importa.

Aquellas historias nos dieron el impulso, la fuerza y la inspiración necesarias para dar voz a través de aquella primera jornada, a multitud de pensamientos, impresiones, perspectivas, experiencias y valores que nos representan como enfermeras y que hemos vivido y desarrollado a lo largo de la carrera gracias a nuestros profesores.

Al principio no sabíamos bien cómo abordar y desarrollar esta idea, reflexionando nos dimos cuenta de que ya en la universidad, varios profesores hacían hincapié en trabajar el aspecto más humano de la profesión. Algunos desde las aulas, a través de voluntariados dirigidos a ayudar compañeros discapacitados de nuestra universidad, y otros a través de seminarios desarrollando talleres en los que los alumnos teníamos que vendarnos los ojos y, guiados por nuestros compañeros, nos poníamos en los zapatos de una persona invidente. En otros talleres nos poníamos el camisón del hospital para comprobar qué se siente al estar desnudo con un batín que apenas cubre nuestro “trasero”, incluso nos animaron a colocarnos un pañal durante la noche y comprobar que se siente cuando tengo que orinar en él y esperar mojados hasta que nos cambien.

Pero, rebobinemos un poco, antes de continuar me gustaría plantear ¿Qué es la humanización? Según la Real Academia de la Lengua Española la humanización es “la acción y efecto de humanizar o humanizarse”, y ¿qué es humanizar? “Hacer humano, familiar y afable a alguien”. Con esto no quiere decir que haya que humanizar a nadie o que los profesionales sanitarios estemos deshumanizados, nada de eso, sino que para entender al ser humano hay que verlo como un ser biopsicosocial, es decir, por un lado tenemos la parte física, el cuerpo, por otro una parte psicológica, capaz de pensar, sentir, sufrir y aprender y por último, el aspecto social que nos permite relacionarnos con la sociedad y el entorno. A lo largo de la historia se ha tendido al paternalismo, el cual centraba la salud únicamente en el aspecto biológico de la enfermedad dejando de lado el aspecto social. Con el desarrollo de las nuevas tecnologías puede tenderse a la tecnificación, olvidando la relación humana que tenemos con nuestros pacientes, por ese motivo creemos oportuno que nos tenemos que seguir esforzando para no dejar este aspecto de lado.

No somos las primeras en darnos cuenta de esto, ni mucho menos, ya hubo enfermeras que señalaban en esta dirección como es el caso de Callista Roy, enfermera teórica, quien dijo que el hombre es un ser biopsicosocial, que se encuentra en constante interacción con su entorno. O ejemplos como el de Gabriel Heras y su proyecto “Humanizando las HU-CI”, escrito así, con “H” de humanizar, entre otros muchos proyectos desarrollados por los distintos profesionales que conformamos el equipo sanitario.

Siguiendo estos ejemplos quisimos crear unas jornadas cuyo tema principal fuese la humanización de la atención sociosanitaria, donde se pudiese contar con el punto de vista de pacientes, que son quienes tienen que decir cómo quieren que se les cuide. Los familiares, los grandes olvidados, parte esencial en la recuperación y/o bienestar de nuestros pacientes, y por último, el punto de vista de los profesionales.

Dicho todo esto, para poder proporcionar una atención integral y de calidad, es necesario que todos los profesionales que formamos parte de este equipo multidisciplinar, compartamos los mismos valores y que nuestras acciones estén encaminadas en la misma dirección.

HIPERTENSIÓN ARTERIAL

Ya sabéis que en Cada 8 horas os vamos contando la historia de los principales fármacos descubiertos a lo largo del siglo XX. En nuestro post anterior el Dr. Tamargo nos hablaba del origen de los fármacos empleados en las enfermedades mentales y en esta ocasión le toca el turno a los fármacos empleados para controlar la hipertensión arterial.

Ya de antemano os avisamos que este post es para curiosos-modo-experto. De hecho, si somos sinceras, lo del sistema renina-angiotensina-aldosterona nos ha superado con creces el nivel de usuario que tenemos. De todas formas, no pasa nada. Nos gustan los retos y lo que haremos más adelante será empezar por el principio y pedirle que nos explique esto de la hipertensión arterial pero para dummies en cuestiones de salud, como somos nosotras. Y eso haremos. Prometido.

Aún así, su historia encierra cosas tan curiosas como que en la actualidad existen más de 80 fármacos para tratar la hipertensión arterial y este dato, a nosotras al menos, nos resulta bastante curioso.

Os dejamos con su post:

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La hipertensión arterial (HTA) podría definirse como una elevación persistente de la presión arterial sistólica (PAS) y/o diastólica (PAD) por encima de unos límites establecidos como normales para la población general, que son 140/90 mmHg. Independiente de la edad y el sexo del paciente, la elevación mantenida de la presión arterial aumenta de forma lineal y continua la incidencia de enfermedades cerebrovasculares, la cardiopatía isquémica (angina de pecho e infarto de miocardio), la insuficiencia cardíaca, las enfermedades vasculares periféricas y las enfermedades renales con respecto a los normotensos de la misma edad y sexo. De los más de 80 fármacos que hoy tenemos disponibles para el tratamiento de la hipertensión arterial, sólo voy a comentar dos grandes grupos que presentan un gran número de aplicaciones clínicas:

1. Diuréticos. En condiciones normales los riñones filtran 180 litros de agua, pero solo eliminamos unos 2 litros al día como orina, lo que indica que el 99% del agua es reabsorbida a distintos niveles en los riñones y este movimiento de agua se acompaña del movimiento de iones (sodio, potasio, calcio). Los diuréticos son fármacos que aumentan la eliminación de sodio y agua actuando directamente sobre el riñón. Como consecuencia reducen aquellos síntomas que acompañan a la retención hidrosalina, como los edemas (hinchazón causada por la acumulación de líquido en los tejidos del cuerpo) y la disnea (dificultad respiratoria que se suele traducir en falta de aire). En la actualidad son los fármacos de elección en el tratamiento de la hipertensión arterial y de diversos procesos que cursan con edemas (insuficiencia cardiaca, renal o hepática, o producidos por fármacos).

En 1953, Karl H. Beyer y James M. Sprague que trabajaban en la compañía Sharp & Dohme Inc. iniciaron el Programa Renal que buscaba nuevos fármacos capaces de aliviar los edemas a través de la eliminación de sodio, cloro y potasio. Para ello empezaron a estudiar compuestos derivados de las sulfamidas, fármacos antibacterianos que se habían introducido en los años 30.

En 1955, Frederick C. Novello observó que, como consecuencia de una alteración en el proceso de síntesis, se había formado un compuesto no esperado, la clorotiazida, que resultó ser el primer diurético de la familia de las tiazidas y que era un potente inhibidor de la reabsorción de agua y sodio por el riñón. Todavía en la actualidad, las tiazidas son los diuréticos más utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial.

George De Stevens y sus colaboradores descubrieron la hidroclorotiazida, que era 10-15 veces más potente que la clorotiazida. Ambos fármacos se denominaron coloquialmente tiazidas y revolucionaron el tratamiento de la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca.

En los años 60, Heinrich Ruschig que trabajaba en la compañía Hoechst A.G. de Frankfurt sintetizó la furosemida, un diurético mucho más potente que los anteriores. Administrada por vía intravenosa, la furosemida producía una diuresis (secreción de orina) casi inmediata y abundante, siendo muy efectivo en cualquier tipo de edema, incluso en aquellos que no respondían a otros diuréticos. Por primera vez en la historia de la Medicina, la tradicional sangría era reemplazada por la inyección intravenosa de un fármaco.

2. Fármacos que inhiben el sistema renina-angiotensina-aldosterona. El sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA) juega un importante papel en la regulación de la presión arterial y el equilibrio hidrosalino (la correcta proporción de agua, sodio, potasio, calcio y magnesio en el organismo), así como en la génesis de diversas enfermedades cardiovasculares, que aumentan la morbimortalidad del paciente, tales como la hipertensión arterial (HTA), la hipertrofia (aumento del grosor) del corazón, los cambios en la estructura del corazón y las arterias que aparecen en pacientes con insuficiencia cardiaca o tras un infarto de miocardio, la nefropatía diabética (debida al daño que los niveles elevados de glucosa en la sangre producen sobre el riñón), la cardiopatía isquémica o la insuficiencia cardíaca y renal. En todas estas circunstancias, los inhibidores del SRAA han demostrado que mejoran los síntomas, reducen las hospitalizaciones y prolongan la supervivencia del paciente, por lo que son ampliamente utilizados.

Por tanto, parecía lógico obtener fármacos que permitan controlar la actividad del renina-angiotensina-aldosterona. Ello puede conseguirse de diversas formas:

1) Reduciendo la síntesis de la angiotensina con fármacos que inhiben la enzima que convierte la angiotensina I (inactiva) en angiotensina II (activa)

2) Utilizando fármacos que bloquean los receptores AT1 sobre los que la angiotensina II debe actuar para producir sus efectos. 

3) Con fármacos que bloqueen los receptores de la aldosterona. Estos fármacos presentan una peculiaridad y es que también son diuréticos, pero a diferencia de los que hemos comentado en el apartado anterior, no eliminan, sino que retienen potasio en el organismo.