Month: mayo 2016

Ceci n’est pas une vie

 

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«Esto no es una pipa» y, ciertamente, no lo es. El cuadro del pintor belga, René Magritte, es la representación de una pipa, un objeto que simboliza la pausa y la reflexión del espectador ante su obra. Como podemos comprobar en esta paradigmática creación, no todo resulta ser lo que aparenta ser, o lo que algunos pretenden que sea.

El retrato del Ché, con su flamante habano, fumando relajado y con aires triunfales, no es sólo la fotografía de un revolucionario único sino también la llama extinta de un sueño. Y lo que sostiene Lauren Bacall entre sus labios, en decenas de películas, no es un simple cigarrillo, es la representación cultural de la sofisticación, una imagen que aún humea por lo rescoldos de lo que una vez fue pura ignorancia. Y James Dean fumaba porque era rebelde, ¿o era rebelde porque fumaba? Y Marilyn porque resultaba sexy, y Audrey porque resultaba elegante y Sinatra, bueno, Sinatra porque era Sinatra.

Todas estas imágenes guardan algo en común, además de su atractivo por lo que a simple vista percibimos o por lo que una vez significaron, y es su carácter alegórico. La ficción en virtud de la cual una imagen representa o significa otra cosa. Y esto lo digo con conocimiento de causa porque mientras escribo, fumo, seguramente empujado por la imagen de Hemingway, de Bolaño, Moix, Cortazar, Camus, Grass o Buero Vallejo pero eso, lamentablemente y muy a mi pesar, no me convierte en un escritor ilustre, tan sólo en un adicto de lo que pretendo ser, un enfermo que pronto se desvanecerá como el humo azulado, más pronto que tarde.

Se vende la fascinación de una imagen proyectada entre tinieblas, y se compra el padecimiento y la enfermedad de querer ser lo que no somos. Y al menos un día, me gustaría abstenerme de tales ilusiones, levantarme de la cama y respirar tranquilo. Al menos, sólo por un día.

31 de Mayo Día Mundial Sin Tabaco

Collage: Leticia Jiménez // Texto: Marcel Lemarc

 

Buenos días. ¡Gluten tag!

Hoy, 27 de mayo, se celebra el Día Nacional del Celíaco

Una escena muy bonita, sí, pero en los años 50 del siglo pasado Reina y Golfo podrían perfectamente haber terminado su romántica cena con molestias estomacales, nauseas, vómitos y distensión abdominal…

Pero eso eran las películas de antes. Hoy las cosas están cambiando y detectar la enfermedad celíaca, es más, el concepto “sin gluten” comienza a ser habitual en envases de supermercados o en la carta de muchos restaurantes, incluso con suerte, puedes encontrar pastelerías especializadas.

Por eso es importante celebrar días como el de hoy, escuchar demandas y peticiones de celíacos y familiares, conocer más de cerca la celiaquía, y conseguir que su día a día sea como tiene que ser. Porque las historias deben ser las que son, sin cambiar.

 

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Gracias Adrián Vélez por esta bonita ilustración.

#DíaNacionaldelCelíaco #movimientoceliaco #queelglutennotepare #queelglutennocambietuhistoria

Origen de los fármacos antitumorales

Ya sabéis que en nuestra sección de Fórmula Magistral hemos querido dedicar un espacio a la historia de los medicamentos y gracias a la ayuda del Dr. Tamargo, os iremos contando poco a poco el origen de los principales fármacos descubiertos a lo largo del siglo XX. En un post anterior os hablábamos del origen de los antibióticos y en esta ocasión le toca el turno a los fármacos antitumorales y su historia encierra cosas tan interesantes como por ejemplo que la era de la quimioterapia actual tiene su origen gracias al uso del gas mostaza durante la I guerra Mundial.

Así que, entre tanto titular que se queda en eso, en un titular, y links que no te cuentan más que tontunas varias, dedicad un ratito a leer la historia de cada uno de estos medicamentos que en el siglo XX nos cambiaron la vida. Es bastante interesante y además un poco de historia a las mentes curiosas nunca nos viene mal.

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2. EL RETO SIGUE SIENDO EL CÁNCER:

Normalmente, las células crecen y se dividen para formar nuevas células a medida que el cuerpo las necesita y cuando las células normales envejecen o se dañan, mueren, y células nuevas las remplazan. En los cánceres las células sufren importantes alteraciones en los mecanismos que regulan su diferenciación y proliferación. Como consecuencia, a medida que las células se hacen más y más anormales, las células viejas o dañadas sobreviven cuando deberían morir, y células nuevas se forman cuando no son necesarias. Estas células adicionales pueden dividirse sin interrupción y pueden formar masas que denominamos tumores. En todos los tipos de cáncer, algunas de las células se diseminan desde la parte del cuerpo donde comenzó a otras partes del cuerpo dando lugar a lo que denominamos metástasis.

El objetivo esencial del tratamiento es destruir las células del tumor, con el fin de lograr la desaparición, detención o reducción del cáncer sin alterar (o alterando lo menos posible las células normales-sanas) y a los fármacos utilizados con este fin se les denomina antineoplásicos o quimioterápicos. Estos fármacos actúan en la fase de división de la célula tumoral, impidiendo su multiplicación y eventualmente destruyéndolas.

La era de la quimioterapia anticancerígena comenzó durante la I Guerra Mundial cuando se utilizó en gas mostaza en Ypres, causando miles de bajas. Los soldados presentaban una marcada disminución en el número de leucocitos y los huesos parecían haber perdido su médula. Durante la II Guerra Mundial los farmacólogos Louis S. Goodman y Alfred Gilman fueron reclutados por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para investigar el potencial terapéutico del gas mostaza y confirmaron su utilidad en el tratamiento del linfoma, dado que éste es un tumor formado por células linfáticas. Poco después, Gustav Linskog utilizó la mustina, observando una marcada reducción en la masa tumoral en un paciente con linfoma no hodgkiniano.

Poco después de la II Guerra Mundial, Sidney Farber observó que el ácido fólico parecía estimular la proliferación de células de leucemia linfoblástica aguda. Ello le llevó a utilizar dos antagónicos al ácido fólico (aminopterina y metotrexato), observando que producían la remisión en niños con dicho tipo de cáncer. Sin embargo, la comunidad científica no creyó sus resultados, ya que por entonces se pensaba que la leucemia era incurable, y que los niños deberían ser dejados morir en paz. En 1958, Roy Hertz y Min Chiu Li descubrieron que el metotrexato podía curar el coriocarcinoma; este fue el primer tumor sólido curado por quimioterapia. En la actualidad se utiliza también en el tratamiento de la artritis reumatoide o la psoriasis. Estas fármacos fueron denominados antimetabolitos y dentro de ellos está el primer quimioterápico para tumores sólidos, el 5-florouracilo.

En 1965, James Holland, Emil Freireich y Emil Frei formularon la hipótesis que la quimioterapia podría seguir una estrategia similar a la usada con éxito en el tratamiento de la tuberculosis: la combinación de fármacos con mecanismos de acción distintos, pero complementarios. Esta estrategia fue un éxito en el tratamiento de niños con leucemia linfoblástica aguda. Los mismos resultados se confirmaron en pacientes con linformas.

En 1956, C. Gordon Zubrod, inició un proyecto para recolectar y probar plantas y productos de origen marino; que llevó al descubrimientos en 1964 del paclitaxel (Taxol), fármaco obtenido de la corteza del tejo muy efectivo en el cáncer al ovario y de las campotectinas (1966) que han sido aprobadas en el tratamiento del cáncer de cólon, mama y pulmón. Entre 1965-69 Barnett Rosenberg demostró que el cisplatino inhibía crecimiento bacteriano y demostró que que podía inhibir el crecimiento de varios tumores sólidos, siendo de gran utilidad en el cáncer testicular.

La naturaleza también dispone de sus propios productos oncológicos. La medicina folclórica conocía que el mirto denominado Vinca rosea contiene fármacos (vinblastina y vincristina) efectivos en el tratamiento den linfomas y leucemias y las bacterias del genero Streptomyces contienen daunorubicina y doxorubicina.

En los últimos años y fruto del mejor conocimiento de las diferencias existentes entre las células normales y las cancerosas, son muchos los fármacos antitumorales que han sido introducidos en terapéutica. Es de destacar que en los últimos años los nuevos fármacos están siendo diseñados “a la carta”, frente a dianas que se expresan de forma exclusiva (o principalmente) en las células tumorales. Ello permitiría reducir la incidencia de reacciones adversas, que es muy alta con algunos fármacos antitumorales. Este es el caso de anticuerpos monoclonales creados en el laboratorio que se unen específicamente a zonas concretas de las células tumorales e impiden su crecimiento y multiplicación. Otra posibilidad es impedir la neoangiogénesis, es decir, la formación de pequeños vasos sanguíneos necesarios para la nutrición del tumor (y para que pueda ir aumentando de tamaño) y para la formación de metástasis. Otra alternativa son los moduladores de la respuesta biológica, es decir, fármacos que modifican las interacciones entre un tumor y el organismo en que se aloja, ya sea actuando sobre las células tumorales o incrementando las defensas del huesped.

El amor y otras drogas

La química del amor explicada con pelis.

Vale, lo tenemos que reconocer, el título del post no es nuestro, es de una película americana romanticona basada en la vida real de Jamie Reidy, representante farmacéutico de esas pastillicas azules que tanto juego han dado en eso del “AMOL

amor

Fotograma de la peli en cuestión: Love and Other Drugs

Pero este post, más que de drogas, que también, va de AMOR que para eso estamos en primavera. Y es que, el amor o el enamoramiento produce, en nuestro organismo y de forma natural e inevitable, unos cuantos procesos químicos que nos provocan no pocas alteraciones muy parecidas a lo que una droga dura podría llegar a conseguir. Eso sí, de manera legal y natural 100%.

Y es que, quién no se enamora de Audrey Hepburn cantando Moon River en la ventana.

Seguro que alguna vez hemos sentido como el corazón se acelera, nos sudan las manos, solo pensamos en una cosa, de pronto estamos extra motivados, no podemos dormir o incluso nos atrevemos a hacer cosas como cantar o bailar y si no que se lo digan a un madurito, aunque siempre interesante, Bill Murray en esta película, ¿le estaría diciendo algo más a Scarlett con la canción?

Y es que, lejos de querer desmontar el lado romántico, impulsivo y algo loco del enamoramiento, bien es cierto que gran parte de nuestro comportamiento al final es meramente químico.

Se ha demostrado que cuando nos enamoramos nuestros niveles de serotonina se desploman dejando que nuestro cerebro se inunde de dopamina. Para hacernos una idea, las principales funciones de la serotonina son la de regular el apetito, equilibrar el deseo sexual, controlar la temperatura corporal, la actividad motora y las funciones perceptivas y cognitivas. Por eso, cuando nos enamoramos, tenemos menos apetito, aumenta exponencialmente nuestro deseo sexual, tenemos calores, nos movemos impulsivamente y la persona elegida nos parece la mejor del mundo mundial en todo. Para muestra esta escena de una de las películas más divertidas de todos los tiempos:

A este descenso de serotonina se une un aumento de dopamina, otra sustancia química, un neurotransmisor, responsable del placer y de la recompensa así que todo nos parece maravilloso. Además afecta al sueño, por eso nos cuesta dormir, no atendemos a nada más y hacemos cosas como hablar incontroladamente todo lo que se nos pasa por la cabeza.

De todas formas, aunque es la química de nuestro propio cuerpo quien nos domina, bien es cierto que viene provocado por el amor a otra persona. Así que ¡viva el amor!, ¡viva la locura provocada por el enamoramiento! y permitidnos que nos pongamos tiernos, ¡viva el amor puro! Tanto como el que expresa el replicante más malvado de la bella película Blade Runner, una máquina evolucionada capaz de aprender (a amar) y que decide morir después de salvar a aquel al que tenía programado matar. No hay un mejor final para este post.

Pero un momento, un momento, antes de irnos tenemos un consejito: si aún no estás enamorado, deja de ver tanta escenita y sal a la calle a darlo todo. En primavera el amor está en el aire, la química en nuestro cuerpo y seguimos estando vivos, que no es poco.