Month: noviembre 2016

¿Por qué la comida de algunos hospitales es tan mala?

¿Cómo como como enfermo? Comida hospitales

Hace tiempo, estuve con unos amigos cenando en Don Giovanni, un famoso restaurante italiano de Madrid propiedad del cada vez más mediático Andrea Tumbarello. Al salir, recogí de la barra un folleto de “Las Pequerrecetas”,  la colaboración del chef con Iván Carabaño, Jefe de Pediatría del Hospital Rey Juan Carlos y del Hospital General de Villalba.

pequerrecetas

Según volvía a casa empecé a pensar en comidas de hospital, en comedores de colegios, en áreas de servicio (las vacaciones estaban recientes) y pensé “el rancho de la mili que contaban debía ser un poco esto”.

Yo, y ya desvelo mi teoría, creo que el hilo conductor de la baja calidad en algunos de estos lugares, a los que podríamos añadir estaciones de tren, aeropuertos e incluso tanatorios, es que son lentejas. No hay alternativas, es lo que hay, o esto o nada (nada es muchas veces mejor). Y los responsables lo saben. Viven de gente de paso, no hay una “clientela fija” a la que deban cuidar.

En el caso de los hospitales, intervienen además otros factores. Dejemos a un lado a la gente que debe seguir una dieta por motivos médicos y tenga que comer platos sosos. Hay personas en los hospitales, ingresadas, que no les pasa nada con respecto a la comida y se enfrentan a verdaderas pesadillas en la cocina. Y si no que me lo digan a mí, que sobreviví recién parida a base bocadillos que me hacía a escondidas con los Ferrero Rocher que me trajo mi suegra. Lo sé, glamour cero, pero el hambre es el hambre.

Y es que a nadie se le escapa que la calidad y el dinero van unidos. Externalizar servicios no fundamentales en un hospital como la cocina es una manera de ahorrar. Y de bajar la calidad. Ejemplos, casi a discreción. Podemos irnos a Sevilla, a Valencia, quedarnos en Madrid o probar la alubias con chincheta de Salamanca.

Y digo yo, aunque los productos sean baratos un poco de amor al asunto se le podría poner, leñe.

Lo bueno es que los pacientes ya están hartos de tragar (expresión que nos viene al pelo) y empiezan a quejarse. Y como funciona, seguirán haciéndolo. Solo hay que ver en Galicia, donde la Xunta se llevó por delante a la empresa responsable de la comida del Hospital Álvaro Cunqueiro.

Este malestar con la comida ha hecho que en muchos hospitales se pongan las pilas y eleven el nivel de la calidad de sus platos. Merece la pena destacar el esfuerzo del Hospital de La Palma. Para nosotras, esto es servicio de atención y hacer que los pacientes se sientan bien atendidos.

Pero una vez más, como España es un país de contrastes, de repente la fiebre de los concursos gastronómicos llega a los fogones de los hospitales, como forma de elevar el nivel y dar importancia a lo que sale de sus cocinas. La verdad, viendo a la ganadora del Premio Nacional de cocina hospitalaria, dan ganas de ponerse mala en Plasencia.

O, en esta línea de relevancia de la gastronomía, no es raro ver que el libro “La cocina del hospital”, editado por el Hospital Universatario Araba, tuviera su reconocimiento en 2015 en los Gourmand Cookbook Awards.

Y, cómo no, también nos encontramos con la colaboraciones especiales de chefs como la de Héctor Díaz, que llevó la alta cocina al Hospital Morales Meseguer de Murcia.

Ojalá que en algo tan sensible como los hospitales empiecen a valorar en su medida la comida que sirven a los pacientes, ya no solo como una forma de ofrecer productos saludables (qué menos, es un hospital) si no como un elemento de elevar la moral y las ganas de vivir.

Comer, y comer bien, te pone alegre, y eso para alguien que está ingresado no es ninguna tontería.

¿Qué tipo de enfermo eres? Parte 2 (Humor)

Tipología de enfermos o cómo nos comportamos ante la enfermedad

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Por fin, ya está aquí, ya llegó la segunda parte y final de Tipología de enfermos. El tema daría para muchos artículos más porque hay tantos tipos de enfermos como personalidades y nada como no encontrarte del todo bien para que esa personalidad salga a luz sin trampa ni cartón o, como se dice ahora, sin filtros.

Empezaremos por una tipología que tiene su antagónica:

El pirulero: “Necesito más” ese es su lema. Nada de lo que se tome este enfermo para mitigar, mejorar o curar su malestar será suficiente, porque a estos enfermos las medicinas, por muchas que se tomen, no les hacen nada de nada. Seguramente debe ser porque su organismo es extraterrestre y según engullen el remedio, se esfuma por arte de magia dentro de su organismo.

photobucket.com

vs.

Lucille Ball

 

El estoicoEl que no quiere nada de nada porque prefiere aguantarse, resignarse, sufrir lo que le toca a pelo, ser 100% consciente de su malestar, que para eso el mal es suyo y hace con él lo que quiere. Aquí existen varias teorías al respecto pero ninguna concluyente: ¿será que en el fondo le gusta sufrir?¿será que no cree en los avances de la salud? ¿será que también es extraterrestre?

Y hablando de curarse solos, los que no lo harán nunca y además lo tienen clarísimo son los de la siguiente tipología:

El enfermo mimosón o “All I Need Is Love!

Enfermo: menos mal que tengo te tengo a ti 
Al que le toca: no pasa nada cariño, te vas a poner bien.
Enfermo: es que me cuidas mucho, no te merezco.
Al que le toca: claro, claro, pero ahora descansa, ¿vale?
Enfermo: ven aquí conmigo, dame calor.
Al que le toca: (…)

How I Met Your Mother

 

De esta última tipología podemos derivar a otra:

El enfermo mentirosillo: Bien porque quiere alargar (sin motivo físico real) su malestar para que les sigas haciendo zumo, sopita o mimos o bien porque se pone enfermo por ciencia infusa (nunca porque haya andado descalzo por la calle a tres grados bajo cero o porque se haya comido tres paquetes de galletas caducados de una sentada o porque se haya hecho el Hulk o el David el Gnomo levantando siete veces su peso).

The Big Bang Theory

 

En cualquier caso, estar enfermo, por el motivo que sea, es un fastidio al que cada uno responde como quiere o como puede e, independientemente de la tipología con la que te sientas identificado, lo más importante de todo siempre es estar sano. Seguro que ahí estamos todos de acuerdo.

 

Los antibióticos no valen para todo

Semana Mundial de Sensibilización sobre los antibióticos

Las bacterias se hacen resistentes a los antibióticos porque cada vez los usamos más y peor. La solución, como ya os comentamos en Los antibióticos pierden su poder, pasa por prevenir y concienciar a la población. Y por supuesto no olvidarnos de seguir invirtiendo dinero en investigación.

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PINZAS, CORTANT, RASPADOR Y ESTO NO LO VAS A NOTAR NADA…

O la terrorífica cita en el dentista

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Halloween ya ha pasado pero que no, que no queremos, que no nos gusta, que nos da miedito ir al dentista. Porque así como hablamos hace un tiempo de las encantadoras visitas al ginecólogo, hoy hablaremos de las relajantes y sobre todo apetecibles citas con el dentista.

Vale que no siempre es incómodo, porque pensad cuando… no, siempre es incómodo. Hasta una simple y rutinaria limpieza de boca es tirando a poco placentera por mucho que una vez acabada no podamos dejar de pasar la lengua por los dientes para disfrutar de la suavidad y limpieza que nos han dejado.

Pero es que, vamos a ver, a quién en su sano juicio le apetece tener a una persona a 10 centímetros de la cara, con cosas metálicas y frías metidas en la boca (ejem, esto igual a gustos) y con un tubo de plástico absorbiéndote el papo interno. Y es que, a esta situación se une el miedo a que te encuentren una caries, una fisura o al hermano pequeño poco higiénico de un troll entre los dientes. Los dentistas encuentran de todo en un espacio más bien reducido, bueno, si tienes una boca como la de Mick Jagger seguro hasta encuentran los aviones desaparecidos.

Además, antes de ir a la cita, nos lavamos los dientes como si le hubiésemos pegado un buen morreo a Jabba y todo el agua de la galaxia se acabara junto con el dentífrico y los cepillos por siempre jamás, todo de golpe.

cepillado-dientes

bellecs.tumblr.com

Pues aún así, siempre acaban encontrando algo que no debería estar ahí: “No usa usted el hilo dental lo que debería, come muy rápido y le gusta mucho el café” y uno piensa “¡cómo lo sabe!”. Y para rematar la maldad, preguntan cosas cuando estamos con la boca abierta, el aspirador en el papo, el espejito investigando y venga, ya estamos todos.

– ¿Qué tal ha ido el puente?
– Guy guen, guen, emgos guios a la laya.

Y lo más fuerte es que los dentistas nos entienden, no solo lo que acabamos de contestar en idioma plutoriano del norte, entienden que nos da miedo y que no nos gusta, pero debemos recordar que siempre es por nuestro bien y por nuestra buena salud bucodental, porque a ver, ¿tú qué prefieres: una cita en el dentista o un dolor de muelas?