EnferMitos

Lo que no mata engorda. Estaba estupendo de salud cuando se murió. Eso se cura con una copita de coñac. Llevo dos horas y seguro que me despacha en 5 minutos. Hay frases y situaciones que alcanzan el estatus de míticas, que se convierten en leyendas urbanas en el mundo de la salud y nosotras las homenajeamos como se merecen.

Catarro, constipado, gripe…

O cómo sobrevivir a la guerra fría. La de verdad, no la otra.

gripe

Empezamos este post con una reflexión de las profundas: qué poco sexy es un catarro o un constipado o una gripe ¿no? Mocos, muchos, de distintas texturas y colores, dolor muscular, dolor de cabeza, toses, fiebre, voz gangosa, nariz roja, estornudos… un primor, vamos.

Y qué mal nos viene acatarrarnos, siempre son unos días muy inapropiados para ponernos enfermos:  –Ahora no, que tengo mucho trabajo; ahora no, que tengo una fiesta; ahora no, que tengo un viaje; ahora no, que no quiero… Nunca nos va bien pero, amigo mío, los virus son caprichosos y como en una película bélica de las buenas esperan su momento de gloria agazapados detrás de la oreja y nos alcanzan cuando menos lo esperamos.

Y es que, por mucho que nos lavemos las manos o nos enrollemos la bufanda como una boa constrictor ellos seguirán ahí, escondidos, revoloteando en el aire, adheridos a los botones del ascensor, a los pomos de las puertas porque saben que, más tarde o más temprano, caerás y pasarás a formar parte de su plan. Esa es su táctica maligna. Y esta su risa, seguro:

Al principio solo envían una avanzadilla para que pensemos que en un rato se nos pasa. Nos notamos algo raros, sí, pero no le damos demasiada importancia. Y una vez despistados… ¡ZASCA! ya tenemos una invasión en toda regla y la guerra montada en nuestro interior. Fijaos si son mala gente que primero atacan a nuestras células mejor preparadas porque, si pueden con ellas, saben que la victoria es suya.

Y es ahí cuando aparecen, los pañuelos, nuestra amiga la manta, el ay qué malito estoy, el toma mucho líquido y un sinfín de cócteles analgésicos y remedios caseros: sopas de ajo, zumo de naranja con miel, leche con miel, jengibre… los hay de todo tipo y con ellos engañamos un rato a estos virus que no paran de avanzar.

La gripe te hace ver el mundo como si estuvieses en otro planeta en el que todo pesa más de la cuenta y las distancias se multiplican por mil. Por ejemplo, sin ir más lejos (en su sentido literal) levantarte del sofá para ir a por un vaso de agua a la cocina es como si te hicieran recorrer un desierto de Marte dentro de un traje de buzo con sus pesas, sus aletas y sus botellas (que no bombonas) de oxígeno vacías.

Y se pasa, sí. En unos días vuelves a estar en el planeta Tierra con la densidad acostumbrada y las distancias acostumbradas. Los virus se han ido, probablemente a conquistar otro cuerpo.

Pero, por favor, por muy mal que te encuentres o por muy mal que te venga en ese momento ponerte enfermo, si es gripe, no tomes antibióticos. Porque recuerda, si tienes gripe, los antibióticos no hacen nada.