Fórmula magistral

Nos ponemos serias. Nuestra sección más profesional, y donde además de post didácticos sobre curiosidades y temas de actualidad, tenemos la participación de gente que sabe de verdad de medicina y medicamentos.

Sí, las orejas también son piel

Consejos para cuidar tu piel y tu salud después del largo invierno

Ya hace sol, buen tiempo y una gran mayoría de piscinas o ya han abierto o están a punto de abrir. ¡Vivaaa! Guardamos ya de-fi-ni-ti-va-men-te los abrigazos, los jerséis de lana y las botas; desempolvamos la ropa de veranito y nuestros cuerpos lozanos salen a la luz. Nos miramos más en el espejo e inevitablemente vemos que nuestra piel tiene el típico tono flexo de oficina y no nos gusta nada. Así que nos ponemos al sol todo lo que podemos y comenzamos a pensar en viajes a la playa para estar vuelta y vuelta en la arena. ¡Venga ahí a lo loco!

Es normal, se entiende la ansiedad y las prisas por cambiar el tono de nuestra piel pero es en este preciso momento cuando debemos extremar las precauciones para no quemarnos y no recibir del sol, o lo menos posible, todos sus efectos nocivos. Nuestra piel está más blanca que nunca y más blandita que nunca, como medio recocida por la ropa invernal y aunque nos encantaría convencerte de no tomar nada el sol, sabemos que casi es misión imposible.

Por eso, como sabemos que a nosotras no nos vas a hacer caso, el doctor y dermatólogo Santiago Aparicio Fernández nos va a dar hoy unos consejos de experto:

1. Protección solar a kilos y nada de protección: “Los fotoprotectores son nuestros amigos, siempre por encima de un factor 15, que podrá ser más alto (hasta 50+) en función del color de nuestra piel (cuanto más clara, mayor factor), de si tenemos múltiples lunares (nevus), de nuestra edad (especial cuidado con los niños) y de los antecedentes de enfermedad que tengamos o de si estamos realizando algún tratamiento que nos pueda hacer más sensibles. Luego no hay que olvidarse de reponer la crema en función del tiempo que vayamos a estar expuestos o de las actividades que realicemos (bañarse o sudar puede hacer que pierda eficacia el fotoprotector)”.

2. Las orejas también son piel: “Las zonas más sensibles suelen ser aquellas donde el sol incide más perpendicularmente como son el dorso de la nariz, la parte alta de las orejas, el labio inferior y el cuero cabelludo en aquellas personas con poco pelo”.

3. Gradúa la exposición y busca sombra: “Es primordial realizar una fotoexposición responsable, un niño menor de 3 años no debería estar expuesto al sol. Son los jóvenes el grupo poblacional más sensible y sobre el que más cuidado hay que tener, yo les digo que no deben de estar expuestos cuando su sombra sea más pequeña que su altura. Por supuesto las horas centrales del día son las de mayor radiación”.

4. Kit completo: “Efectivamente, fotoprotección no es sólo ponerse una crema con factor. Fotoprotección es llevar una camiseta, ponerse unas gafas de sol adecuadas, utilizar un sombrero, preferiblemente con alas”.

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5Niños y sol, no por favoooor. “Como ya he dicho, ellos son nuestro principal objetivo. Nuestra piel tiene memoria y son en estos primeros años de vida cuando recibimos la mayor radiación y, por tanto, nuestra piel es más vulnerable. Del cuidado que tengamos de pequeños dependerá que luego tengamos una buena salud y evitemos males mayores”.

Así que ya sabes, nada de cremas protección menos seis, que eso es trampa y lo sabes. Una protección alta adecuada a tu tipo de piel además de una correcta y generosa aplicación, nada de una gotita para todo el brazo, que te conocemos. Y si tienes peques recuerda que no hay nada como ser un buen ejemplo para que ellos también se protejan, por mucho asquito que les de la crema.

Qué (NO) es la impotencia

El post de hoy es para nosotras un post muy especial. Primero, por el tema que toca, ya que la educación sexual es muy necesaria, mucho más importante de lo que nos imaginamos y algo de lo que NO se habla lo suficiente. Segundo, por quien lo escribe, el Dr. Eduard García Cruz; licenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona, especialista en Urología en el Hospital Clínic de Barcelona y responsable de Men’s Health barnaclínic+; y jefe de servicio de Urología en el Hospital Plató. Un doctor con una amplia experiencia en investigación clínica, especialmente en las áreas de disfunción eréctil, déficit de testosterona, hiperplasia de próstata y cáncer de próstata.

A Eduard tuvimos el placer de conocerlo después de su ponencia el año pasado en el Pfizer Digital Day. Y nos encanta poder contar hoy con él en nuestro blog hablando claro y de forma profesional sobre sexualidad. Os dejamos con él:

¿Qué es la impotencia? Y, sobre todo… ¿qué NO es la impotencia?

impotencia

En primer lugar hay que recordar que impotencia tiene una connotación negativa y por lo tanto no se usa: el termino correcto es disfunción eréctil. Más coloquialmente lo podéis ver en algunos sitios como problemas de erección.

La disfunción eréctil se define como la incapacidad para conseguir y mantener una erección suficiente para tener relaciones sexuales satisfactorias, y el problema debe prolongarse durante como mínimo 6 meses.

Uno de los problemas con esta definición es la palabra satisfactoria. Satisfactoria significa cosas muy diferentes en diferentes momentos de la vida o en diferentes culturas. En cualquier caso, lo que significa es que nuestro sexo debe ser satisfactorio para nosotros mismos y para nuestra pareja, y para nadie más.

A menudo algunos pacientes acuden a consulta muy preocupados porque en alguna ocasión han tenido un problema de erección en un día concreto. Para ellos puede llegar a ser algo trágico, porque para muchos hombres la sexualidad –y el pene más específicamente- está en el centro mismo de quienes somos como hombres.

Tenemos que explicar a estos hombres que el sexo, igual que el resto del comportamiento humano, es variable y se puede afectar por lo que nos ocurre en nuestro día a día. ¿De verdad nos pensamos que si estamos tristes, o enfadados, o cansados… no va a repercutir en nuestra sexualidad? Si un día estamos cansados, o enfermos, o nos hemos peleado con nuestro jefe… es completamente normal que tengamos menos ganas de tener relaciones sexuales, y por lo tanto es normal que nuestro pene no tenga una erección. No hay nada raro en ello… incluso sin ningún motivo, sencillamente podemos tener un mal día.

Es muy curioso que la mayoría de hombres acepta que existe eso de “tener un mal día”, pero de ninguna manera existe para su pene… como si el pene fuera una especie de resorte automático. Sencillamente, no es así. El pene y la erección son fenómenos muy complejos que pueden afectarse por multitud de factores.

Por eso, sin un día no tenemos la erección que queremos, sencillamente NO OCURRE NADA: es completamente normal. Por otro lado, si ese problema se ha repetido durante un tiempo y no estamos consiguiendo solucionarlo… ¿de verdad creemos que desaparecerá por arte de magia?

A muchos hombres les da vergüenza ir al médico y explicarles sus problemas en la esfera sexual. A ellos les diría dos cosas: la primera, que sin hacer nada su problema no se va a solucionar; la segunda, que los médicos estamos para eso. A veces los problemas de erección traducen problemas de salud o problemas psicológicos, que se pueden identificar y tratar. Cuanto antes nos pongamos manos a la obra, antes solucionaremos el problema.

Es muy necesaria una educación sexual que empiece en las escuelas, alcance a la población general y a los medios de comunicación –sin olvidar las facultades de medicina y de ciencias de la salud–, para poder normalizar cada vez más la salud sexual.

El abuso de medicamentos

Un nuevo problema de salud

En post anteriores de Stop Errores de Medicación, veíamos cómo los profesionales sanitarios velan siempre para que la prescripción, dispensación y toma de medicamentos se haga con las mayores garantías de seguridad. Lo malo es que una vez ya en casa, solos y sin nadie que supervise si lo estamos haciendo bien, esto no es siempre posible.

Últimamente a más de un farmacéutico –de los que trabajan cara al público detrás del mostrador– más allá de las risas que pasen con nosotros y del montón de anécdotas que tengan para contar, se le han disparado las alarmas. Y es que ellos, en ocasiones, son los primeros en darse cuenta del mal uso y abuso que hacemos en general de los medicamentos.

Por eso contamos hoy en el blog con la colaboradora perfecta para hablar de este tema que es además una invitada muy especial para nosotras, Elena Sáiz: farmacéutica comunitaria especializada en nutrición y salud pública, afiliada a Sefac y parte del grupo de divulgación Pantomaka y de PedYFarma. Fue ella quien nos mostró su preocupación por la “alegría con la que la gente toma algunos medicamentos” y nosotras encantadas de escuchar su interesante opinión. Os dejamos con ella:

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Foto: Elena Sáiz

 

“A pesar de los esfuerzos de los farmacéuticos en el mostrador para que los medicamentos sean usados de modo adecuado, no nos pasa desapercibida la “ligereza” con la que se usan y el aumento de frecuencia con que aparecen efectos indeseables derivados de ese mal uso… ¿Qué está pasando?

En 2007 Philippe Lamy, representante de la OMS para México, que participó en el Fórum Universal de las Culturas manifestó: “Los países menos desarrollados concentran el 84% de la población mundial y sin embargo sobrellevan el 93% de la carga global de enfermedades”, a pesar de ello, consumen menos del 11% del gasto global en materia de salud.

Una parte de ese gasto se la llevan las consecuencias del mal uso y del abuso de medicamentos. En este momento muchas son las voces a nivel internacional que alertan sobre la posibilidad de que el mal uso de fármacos se esté convirtiendo en el tercer problema de salud en los países desarrollados.

Todo esto constituye un entorno adecuado para “el abuso perfecto”. Ya en el 2015 la reconocida farmacéutica comunitaria Irune Andraca escribió sobre ellos, sus dosificaciones y las “impresiones que recogemos en el mostrador.

Recordemos que estos medicamentos, lejos de curar en general lo que hacen es aliviar y mejorar la calidad de vida del paciente y que su uso no debería ser continuado, en general, pues no están exentos de riesgos y el mal uso conlleva consecuencias graves para la salud.

Dicho uso continuado parece haberse estandarizado tanto en pacientes crónicos como entre los que practican la autoprescripción e incluso con uso concomitante de otros fármacos de mismo grupo e indicación, cuando lo recomendable sería utilizarlos en ciclos cortos, a la dosis más bajas posible y ajustados a las indicaciones de cada principio activo.

Entre las situaciones que nos encontramos a la hora de la dispensación:

  • El uso generalizado de Paracetamol de 1 g, en lugar del de 650 ó 500 mg que para las indicaciones más habituales tiene efectos analgésicos comparables.
  • Uso de Ibuprofeno 600 mg en vez de 400 mg, siempre con la excusa de que necesitan el “más fuerte” y con absoluto rechazo por cualquier otra alternativa.
  • Uso combinado de Paracetamol e Ibuprofeno en todas las formas posibles (juntos, alternos…).
  • Utilización de medicamentos con Paracetamol ó Ibuprofeno con nombres diferentes y tomados a la vez para usos analgésicos diferentes (por ejemplo, antigripal con Paracetamol y a la vez otro medicamento con Paracetamol para el dolor de espalda crónico).
  • El autoconvencimiento de que deben tomar alguno de estos medicamentos “de por vida” y que se administran de modo preventivo contra el dolor, sin esperar a su aparición, cada día y con una posología regular.
  • La demanda, de modo erróneo de especialidades con dosis excesivas, como por ejemplo el Ibuprofeno de 1 g, que es cada vez más frecuente.

Una vez que el paciente se encuentra con el medicamento en su ámbito doméstico y a pesar de todas las recomendaciones del médico y farmacéutico, una gran cantidad de pacientes piensan que su uso indiscriminado no tendrá consecuencias y comienzan a aparecer los problemas de dicho abuso de los que incluso la prensa se hace eco.

La aparición de cuadros de intoxicación, sobre todo de Paracetamol, se han multiplicado. Aparecen pacientes con consumos diarios por encima de 4 g, lo que pone en riesgo su salud… y su hígado.

Pacientes que en busca de una analgesia casi instantánea hacen consumos de dosis mayores de 600 mg por toma de Ibuprofeno y apareciendo cada vez con mayor frecuencia cuadros digestivos por gastroerosión y hemorragias gástricas.

En hipertensos se han multiplicado la aparición de crisis hipertensivas y efectos adversos cardiovasculares debido al uso de Ibuprofeno de modo crónico, que a la vez empeora los cuadros de insuficiencia renal si dichos pacientes son de una cierta edad. Y nada despreciables son los efectos sobre las enzimas a nivel gastrointestinal.

Tan solo estas situaciones expuestas generan un importantísimo gasto sanitario directo por el tratamiento de la situación aguda y por las posibles consecuencias a largo plazo que genera en el paciente.

Además, estas situaciones pueden desembocar en la necesidad de acceder a medicamentos más potentes en la escala analgésica. Si en su momento se hizo más frecuente el uso de combinaciones de Paracetamol con Codeína, estas van quedando relegadas por las combinaciones de Paracetamol y Tramadol, que actualmente es de uso extendido tanto en situaciones agudas como crónicas y que nos está llevando a casos de verdadera adicción.

Aún así, parece que hay mayor requerimiento de analgesia y sorprende el uso tan común que se está haciendo de estupefacientes para el control del dolor no oncológico y que parece ir en aumento.

Como curiosidad hacer referencia los estudios que demuestran la poca efectividad del Paracetamol en el dolor de espalda y artrosis a pesar de ello es el medicamento más usado para ese tipo de problemas, y las probables consecuencias a la hora de incluir estas conclusiones en las guías de prescripción lo explica fenomenal un artículo del “Rincón de Sísifo”… imaginando un mundo sin Paracetamol.

Por tanto, parece necesario como primera medida una educación en el uso racional de los medicamentos y la concienciación respecto a las consecuencias del uso irresponsable para los pacientes. Esta es, sin duda alguna, la medida que más beneficios puede reportar en cualquier programa sanitario.

Necesitamos un compromiso firme de la prescripción responsable y del cumplimiento por parte de todos de la dispensación en las condiciones que la ley contempla, lo que supone dispensar únicamente con receta médica las especialidades que contengan Paracetamol de 1 g, ibuprofeno de 600 mg y la mayoría de los AINE. Sin el compromiso firme de todos los elementos implicados en la cadena sanitaria, nada conseguiremos y tendremos un nuevo problema de salud: el abuso de medicamentos.

 

Tomas tu medicación pero… ¿sabes lo que tomas?

Notificar errores, reacciones adversas y conocer bien nuestra medicación, es más importante de lo que piensas.

Los consejos generales y de sentido común que vimos en nuestro post anterior nos ayudan a saber lo más importante que debemos tener en cuenta a la hora de prevenir errores en nuestra medicación.

Pero, como ya hemos visto, estos errores no los cometemos únicamente los pacientes. Otro punto clave en el que se incide siempre a los profesionales sanitarios desde STOP Errores de Medicación es el de comunicar los errores que presencien, aunque estos no lleguen al paciente. No se puede prevenir lo que no se conoce, y la única manera que existe de conocer los errores latentes en el sistema es su notificación por parte de la persona que los detecta.

Como pacientes, también podemos notificar, pero en este caso otro tipo de incidentes llamadas reacciones adversas a la medicación (RAM) que nos ocurran. Estos casos suelen no ser prevenibles como los errores que hemos comentado, pero la información recogida en las notificaciones es muy útil para que el Ministerio de Sanidad estudie los efectos adversos de los medicamentos una vez han sido comercializados.

Si has sufrido o presenciado un error de medicación, puedes comunicárselo a tu farmacéutico, médico o enfermera y ellos lo notificarán anónimamente en la web del Instituto para el Uso Seguro del Medicamento para que puedan tomarse las medidas pertinentes.

Pero antes de nada, lo principal para nosotros es conocer bien nuestros medicamentos. Conocer bien qué estamos tomando. Para hacerte una idea de hasta qué punto sabes lo que tomas, puedes empezar por responder a las 5 preguntas que te proponemos abajo. Y recuerda que si hay alguna pregunta que no puedas responder, tu médico, farmacéutico o enfermera siempre estarán ahí para resolver tus dudas.

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Fuente: Instituto para el Uso Seguro de los Medicamentos

Si os interesa saber más sobre este tema, os recomendamos visitar nuestra página web y seguirnos en redes sociales (Facebook, Twitter) para estar informados y aprender más sobre Seguridad en el uso de medicamentos.

No nos queda más que agradecer a Stop Errores de Medicación su colaboración con Cada 8 horas. Esperamos que esta información os haya sido tan útil como a nosotras.

Cómo prevenir en casa los errores de medicación

STOP Errores de Medicación. Parte II

Como ya vimos en nuestro post anterior de Fórmula Magistral, estar pendiente de nuestra medicación o de la de una persona a nuestro cargo, si no eres médico, enfermera, farmacéutico, ni profesional sanitario no siempre es sencillo y puedes acabar cometiendo errores. Por eso hoy, STOP Errores de Medicación va a explicarnos qué podemos hacer desde casa y cómo podemos prevenir nosotros esos errores de medicación . Y es que, como dicen ellos:

“No hay nadie que se vaya a preocupar más por ti que tú mismo, ni nadie te conoce tanto como tú”

Bueno, eso sería lo normal, ¿no? Porque a la hora de seguir nuestro tratamiento y llevar el control de nuestra medicación, no sabemos por qué, resulta bastante común que seamos nosotros los primeros en tirar por tierra tanto esfuerzo. ¿Y por qué? Pues imaginamos que unas veces por despiste, otras por desconocimiento o porque a veces tampoco nos lo ponen fácil con tanto cambio de pastillas y en algunos casos, los menos, por falta de interés.

Con los más despistadillos, a base de pequeños trucos a la hora de organizar la medicación, aún hay redención. Con la falta de interés, por mucho que os digamos, poco podemos hacer. Pero de los que sí podemos aún hacer carrera es de aquellos que desconocen lo que muchos profesionales de la salud ya saben:

¿Qué podemos hacer en casa para prevenir errores en nuestra medicación?

“Para evitar en la medida de lo posible los errores de medicación es necesaria tanto nuestra colaboración e implicación como pacientes como por parte de los profesionales sanitarios, sólo así podremos prevenir y crear entre todos una mejor “cultura de seguridad” a la hora de medicarnos. Para esto es importante:

  • Antes de empezar a tomar por primera vez un medicamento, preguntar todas las dudas que surjan, siempre habrá un farmacéutico, un médico y/o un enfermero dispuesto a ayudarte.
  • Revisa frecuentemente tu botiquín, ya que no es raro encontrarnos con medicamentos caducados.
  • Debes interesarte siempre y hacerte corresponsable de tu tratamiento y medicación. No hay nadie que se vaya a preocupar más por ti que tú mismo, ni nadie te conoce tanto como tú.
  • Dar la importancia que se merece a cada toma de la medicación, así como cumplir con las recomendaciones, horarios, etc. Es la única forma de conseguir la mayor eficacia con la máxima seguridad.
  • La toma de medicamentos es un acto importante en el día a día y que requiere de cierto grado de concentración para realizarla adecuadamente. Siempre recomendamos revisar 2 veces que lo que estoy tomando es lo que quiero tomar, sobre todo a las personas que toman más de 5 medicamentos.

En resumen:

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En Cada 8 Horas empezaremos a poner en práctica estos buenos consejos de STOP Errores de Medicación y lo haremos empezando por algo fácil, por ejemplo… revisar el botiquín: