Punk Park

(Espacio ingobernable)

parkinson

En los 70´, el movimiento punk vivió una época de esplendor. Literatura fanzinera, música de melodías breves y agresivas, bailes espamódicos, cine a cuentagotas, pintura… fueron algunos de los marcos de expresión de una generación que, a su manera, luchaba contra las convenciones y el orden establecido.

La anarquía y el caos que evidenciaba este movimiento en sus más diversas manifestaciones fue, aún continúa siendo, el quebradero de cabeza de un sistema que trata no sólo de atenuar las consecuencias de su aparición sino de, además, identificar y aislar sus causas para combatir y erradicar situaciones futuras. Sin embargo, a falta de un diagnóstico profundo y afinado del porqué, o los porqués, de su origen y desarrollo hasta el momento el sistema sólo se ha conseguido paliar sus efectos (L-DOPA).

Rebasado ya los sesenta años de edad, confeso seguidor de este fenómeno en mi juventud, echo la vista atrás y sonrío con ironía ante la vida.

Hoy, por ayer y por anteayer, ansío el orden y la disciplina contra la que me rebelaba de joven, y también hoy, por la semana pasada y por hace un año y cuatro meses, cuando me diagnosticaron la enfermedad, detesto el caos que se ha instalado en mi cuerpo. Porque, hoy por hoy, los miembros y órganos que componen esta democracia parlamentaria que es mi cuerpo, cuyo deber es hacer cumplir la voluntad de su máxima autoridad representativa, la de mi cerebro, boicotean el orden establecido y minan las instituciones y convenciones que conforman mi conducta.

Hoy, 11 de abril, Día Mundial del Párkinson, es tiempo de rebelarse y reivindicar mayor inversión en investigación para acabar con esta enfermedad.

Hoy, como ya proclamaban The Stooges allá por el 73, es hora de «Search and destroy».

 

Collage: Leticia Jiménez // Texto: Marcel Lemarc

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

¿Eres un robot? *