El abuso de medicamentos

Un nuevo problema de salud

En post anteriores de Stop Errores de Medicación, veíamos cómo los profesionales sanitarios velan siempre para que la prescripción, dispensación y toma de medicamentos se haga con las mayores garantías de seguridad. Lo malo es que una vez ya en casa, solos y sin nadie que supervise si lo estamos haciendo bien, esto no es siempre posible.

Últimamente a más de un farmacéutico –de los que trabajan cara al público detrás del mostrador– más allá de las risas que pasen con nosotros y del montón de anécdotas que tengan para contar, se le han disparado las alarmas. Y es que ellos, en ocasiones, son los primeros en darse cuenta del mal uso y abuso que hacemos en general de los medicamentos.

Por eso contamos hoy en el blog con la colaboradora perfecta para hablar de este tema que es además una invitada muy especial para nosotras, Elena Sáiz: farmacéutica comunitaria especializada en nutrición y salud pública, afiliada a Sefac y parte del grupo de divulgación Pantomaka y de PedYFarma. Fue ella quien nos mostró su preocupación por la “alegría con la que la gente toma algunos medicamentos” y nosotras encantadas de escuchar su interesante opinión. Os dejamos con ella:

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Foto: Elena Sáiz

 

“A pesar de los esfuerzos de los farmacéuticos en el mostrador para que los medicamentos sean usados de modo adecuado, no nos pasa desapercibida la “ligereza” con la que se usan y el aumento de frecuencia con que aparecen efectos indeseables derivados de ese mal uso… ¿Qué está pasando?

En 2007 Philippe Lamy, representante de la OMS para México, que participó en el Fórum Universal de las Culturas manifestó: “Los países menos desarrollados concentran el 84% de la población mundial y sin embargo sobrellevan el 93% de la carga global de enfermedades”, a pesar de ello, consumen menos del 11% del gasto global en materia de salud.

Una parte de ese gasto se la llevan las consecuencias del mal uso y del abuso de medicamentos. En este momento muchas son las voces a nivel internacional que alertan sobre la posibilidad de que el mal uso de fármacos se esté convirtiendo en el tercer problema de salud en los países desarrollados.

Todo esto constituye un entorno adecuado para “el abuso perfecto”. Ya en el 2015 la reconocida farmacéutica comunitaria Irune Andraca escribió sobre ellos, sus dosificaciones y las “impresiones que recogemos en el mostrador.

Recordemos que estos medicamentos, lejos de curar en general lo que hacen es aliviar y mejorar la calidad de vida del paciente y que su uso no debería ser continuado, en general, pues no están exentos de riesgos y el mal uso conlleva consecuencias graves para la salud.

Dicho uso continuado parece haberse estandarizado tanto en pacientes crónicos como entre los que practican la autoprescripción e incluso con uso concomitante de otros fármacos de mismo grupo e indicación, cuando lo recomendable sería utilizarlos en ciclos cortos, a la dosis más bajas posible y ajustados a las indicaciones de cada principio activo.

Entre las situaciones que nos encontramos a la hora de la dispensación:

  • El uso generalizado de Paracetamol de 1 g, en lugar del de 650 ó 500 mg que para las indicaciones más habituales tiene efectos analgésicos comparables.
  • Uso de Ibuprofeno 600 mg en vez de 400 mg, siempre con la excusa de que necesitan el “más fuerte” y con absoluto rechazo por cualquier otra alternativa.
  • Uso combinado de Paracetamol e Ibuprofeno en todas las formas posibles (juntos, alternos…).
  • Utilización de medicamentos con Paracetamol ó Ibuprofeno con nombres diferentes y tomados a la vez para usos analgésicos diferentes (por ejemplo, antigripal con Paracetamol y a la vez otro medicamento con Paracetamol para el dolor de espalda crónico).
  • El autoconvencimiento de que deben tomar alguno de estos medicamentos “de por vida” y que se administran de modo preventivo contra el dolor, sin esperar a su aparición, cada día y con una posología regular.
  • La demanda, de modo erróneo de especialidades con dosis excesivas, como por ejemplo el Ibuprofeno de 1 g, que es cada vez más frecuente.

Una vez que el paciente se encuentra con el medicamento en su ámbito doméstico y a pesar de todas las recomendaciones del médico y farmacéutico, una gran cantidad de pacientes piensan que su uso indiscriminado no tendrá consecuencias y comienzan a aparecer los problemas de dicho abuso de los que incluso la prensa se hace eco.

La aparición de cuadros de intoxicación, sobre todo de Paracetamol, se han multiplicado. Aparecen pacientes con consumos diarios por encima de 4 g, lo que pone en riesgo su salud… y su hígado.

Pacientes que en busca de una analgesia casi instantánea hacen consumos de dosis mayores de 600 mg por toma de Ibuprofeno y apareciendo cada vez con mayor frecuencia cuadros digestivos por gastroerosión y hemorragias gástricas.

En hipertensos se han multiplicado la aparición de crisis hipertensivas y efectos adversos cardiovasculares debido al uso de Ibuprofeno de modo crónico, que a la vez empeora los cuadros de insuficiencia renal si dichos pacientes son de una cierta edad. Y nada despreciables son los efectos sobre las enzimas a nivel gastrointestinal.

Tan solo estas situaciones expuestas generan un importantísimo gasto sanitario directo por el tratamiento de la situación aguda y por las posibles consecuencias a largo plazo que genera en el paciente.

Además, estas situaciones pueden desembocar en la necesidad de acceder a medicamentos más potentes en la escala analgésica. Si en su momento se hizo más frecuente el uso de combinaciones de Paracetamol con Codeína, estas van quedando relegadas por las combinaciones de Paracetamol y Tramadol, que actualmente es de uso extendido tanto en situaciones agudas como crónicas y que nos está llevando a casos de verdadera adicción.

Aún así, parece que hay mayor requerimiento de analgesia y sorprende el uso tan común que se está haciendo de estupefacientes para el control del dolor no oncológico y que parece ir en aumento.

Como curiosidad hacer referencia los estudios que demuestran la poca efectividad del Paracetamol en el dolor de espalda y artrosis a pesar de ello es el medicamento más usado para ese tipo de problemas, y las probables consecuencias a la hora de incluir estas conclusiones en las guías de prescripción lo explica fenomenal un artículo del “Rincón de Sísifo”… imaginando un mundo sin Paracetamol.

Por tanto, parece necesario como primera medida una educación en el uso racional de los medicamentos y la concienciación respecto a las consecuencias del uso irresponsable para los pacientes. Esta es, sin duda alguna, la medida que más beneficios puede reportar en cualquier programa sanitario.

Necesitamos un compromiso firme de la prescripción responsable y del cumplimiento por parte de todos de la dispensación en las condiciones que la ley contempla, lo que supone dispensar únicamente con receta médica las especialidades que contengan Paracetamol de 1 g, ibuprofeno de 600 mg y la mayoría de los AINE. Sin el compromiso firme de todos los elementos implicados en la cadena sanitaria, nada conseguiremos y tendremos un nuevo problema de salud: el abuso de medicamentos.

 

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