HIPERTENSIÓN ARTERIAL

Ya sabéis que en Cada 8 horas os vamos contando la historia de los principales fármacos descubiertos a lo largo del siglo XX. En nuestro post anterior el Dr. Tamargo nos hablaba del origen de los fármacos empleados en las enfermedades mentales y en esta ocasión le toca el turno a los fármacos empleados para controlar la hipertensión arterial.

Ya de antemano os avisamos que este post es para curiosos-modo-experto. De hecho, si somos sinceras, lo del sistema renina-angiotensina-aldosterona nos ha superado con creces el nivel de usuario que tenemos. De todas formas, no pasa nada. Nos gustan los retos y lo que haremos más adelante será empezar por el principio y pedirle que nos explique esto de la hipertensión arterial pero para dummies en cuestiones de salud, como somos nosotras. Y eso haremos. Prometido.

Aún así, su historia encierra cosas tan curiosas como que en la actualidad existen más de 80 fármacos para tratar la hipertensión arterial y este dato, a nosotras al menos, nos resulta bastante curioso.

Os dejamos con su post:

 historia-medicamentos-hipertension-arterial

La hipertensión arterial (HTA) podría definirse como una elevación persistente de la presión arterial sistólica (PAS) y/o diastólica (PAD) por encima de unos límites establecidos como normales para la población general, que son 140/90 mmHg. Independiente de la edad y el sexo del paciente, la elevación mantenida de la presión arterial aumenta de forma lineal y continua la incidencia de enfermedades cerebrovasculares, la cardiopatía isquémica (angina de pecho e infarto de miocardio), la insuficiencia cardíaca, las enfermedades vasculares periféricas y las enfermedades renales con respecto a los normotensos de la misma edad y sexo. De los más de 80 fármacos que hoy tenemos disponibles para el tratamiento de la hipertensión arterial, sólo voy a comentar dos grandes grupos que presentan un gran número de aplicaciones clínicas:

1. Diuréticos. En condiciones normales los riñones filtran 180 litros de agua, pero solo eliminamos unos 2 litros al día como orina, lo que indica que el 99% del agua es reabsorbida a distintos niveles en los riñones y este movimiento de agua se acompaña del movimiento de iones (sodio, potasio, calcio). Los diuréticos son fármacos que aumentan la eliminación de sodio y agua actuando directamente sobre el riñón. Como consecuencia reducen aquellos síntomas que acompañan a la retención hidrosalina, como los edemas (hinchazón causada por la acumulación de líquido en los tejidos del cuerpo) y la disnea (dificultad respiratoria que se suele traducir en falta de aire). En la actualidad son los fármacos de elección en el tratamiento de la hipertensión arterial y de diversos procesos que cursan con edemas (insuficiencia cardiaca, renal o hepática, o producidos por fármacos).

En 1953, Karl H. Beyer y James M. Sprague que trabajaban en la compañía Sharp & Dohme Inc. iniciaron el Programa Renal que buscaba nuevos fármacos capaces de aliviar los edemas a través de la eliminación de sodio, cloro y potasio. Para ello empezaron a estudiar compuestos derivados de las sulfamidas, fármacos antibacterianos que se habían introducido en los años 30.

En 1955, Frederick C. Novello observó que, como consecuencia de una alteración en el proceso de síntesis, se había formado un compuesto no esperado, la clorotiazida, que resultó ser el primer diurético de la familia de las tiazidas y que era un potente inhibidor de la reabsorción de agua y sodio por el riñón. Todavía en la actualidad, las tiazidas son los diuréticos más utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial.

George De Stevens y sus colaboradores descubrieron la hidroclorotiazida, que era 10-15 veces más potente que la clorotiazida. Ambos fármacos se denominaron coloquialmente tiazidas y revolucionaron el tratamiento de la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca.

En los años 60, Heinrich Ruschig que trabajaba en la compañía Hoechst A.G. de Frankfurt sintetizó la furosemida, un diurético mucho más potente que los anteriores. Administrada por vía intravenosa, la furosemida producía una diuresis (secreción de orina) casi inmediata y abundante, siendo muy efectivo en cualquier tipo de edema, incluso en aquellos que no respondían a otros diuréticos. Por primera vez en la historia de la Medicina, la tradicional sangría era reemplazada por la inyección intravenosa de un fármaco.

2. Fármacos que inhiben el sistema renina-angiotensina-aldosterona. El sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA) juega un importante papel en la regulación de la presión arterial y el equilibrio hidrosalino (la correcta proporción de agua, sodio, potasio, calcio y magnesio en el organismo), así como en la génesis de diversas enfermedades cardiovasculares, que aumentan la morbimortalidad del paciente, tales como la hipertensión arterial (HTA), la hipertrofia (aumento del grosor) del corazón, los cambios en la estructura del corazón y las arterias que aparecen en pacientes con insuficiencia cardiaca o tras un infarto de miocardio, la nefropatía diabética (debida al daño que los niveles elevados de glucosa en la sangre producen sobre el riñón), la cardiopatía isquémica o la insuficiencia cardíaca y renal. En todas estas circunstancias, los inhibidores del SRAA han demostrado que mejoran los síntomas, reducen las hospitalizaciones y prolongan la supervivencia del paciente, por lo que son ampliamente utilizados.

Por tanto, parecía lógico obtener fármacos que permitan controlar la actividad del renina-angiotensina-aldosterona. Ello puede conseguirse de diversas formas:

1) Reduciendo la síntesis de la angiotensina con fármacos que inhiben la enzima que convierte la angiotensina I (inactiva) en angiotensina II (activa)

2) Utilizando fármacos que bloquean los receptores AT1 sobre los que la angiotensina II debe actuar para producir sus efectos. 

3) Con fármacos que bloqueen los receptores de la aldosterona. Estos fármacos presentan una peculiaridad y es que también son diuréticos, pero a diferencia de los que hemos comentado en el apartado anterior, no eliminan, sino que retienen potasio en el organismo.

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