Hoy, en Fórmula Magistral, un post de infarto

¿Sabéis cuál es la primera causa de muerte en Europa?

La cardiopatía isquémica

Gracias al Doctor Tamargo, en nuestra sección de Fórmula Magistral estamos haciendo un repaso, post a post, de la historia de los principales fármacos del siglo XX.

En nuestro post anterior os contábamos el origen de los fármacos antitumorales y en esta ocasión, les llega el turno a los tratamientos de la cardiopatía isquémica. ¿Sabíais que esta enfermedad provoca más de 750.000 defunciones anuales en Europa?

Si sois de los valientes que os leéis este tipo de cosas, descubriréis por ejemplo, que desde que se usó la nitroglicerina por primera vez para controlar ataques de angina de pecho, a pesar de haber transcurrido 137 años y de las múltiples críticas recibidas en su día, en la actualidadeste fármaco se sigue eligiendo a la hora de suprimir este tipo de ataques.

Dedicad un ratito a leer la historia de cada uno de estos medicamentos que en el siglo XX nos cambiaron la vida. No hemos querido cambiar ni una coma porque es bastante interesante y además un poco de historia a las mentes curiosas nunca nos viene mal.

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3. NITROGLICERINA, ESTATINAS Y ANTICOAGULANTES:

La cardiopatía isquémica representa la primera causa de muerte en la Comunidad Europea, con más de 750.000 defunciones anuales. Bajo esta denominación se incluyen una serie de alteraciones cuyo origen radica en un desequilibrio entre el aporte de oxígeno y nutrientes al corazón a través de las arterias coronarias y las necesidades del corazón. La reducción, mayor o menor, del aporte de oxígeno (isquemia) puede producir un cuadro doloroso que denominamos angina de pecho o la muerte (necrosis) del músculo cardiaco; en este último caso hablamos de infarto de miocardio.

En la mayoría de las veces la isquemia a nivel de los vasos coronarios que nutren al corazón o de los vasos cerebrales que riegan el cerebro se produce por la obstrucción de la luz de las arterias coronarias como consecuencia de una placa de ateroma o de un trombo. La placa de ateroma es una lesión producida por el acúmulo de lípidos (grasa) en la pared de las arterias. La lesión engruesa pared de la arteria y ocluye, en mayor o menor grado la luz del vaso, lo que produce una disminución del aporte de sangre al tejido que dicha arteria va a irrigar.

Los trombos son coágulos de sangre que se forman en un vaso sanguíneo (arteria o vena) o dentro del corazón. El trombo localizado en un vaso puede obstruir el flujo de sangre, impidiendo el suministro de oxígeno a los tejidos. Si el trombo obstruye una arteria coronaria de forma continua puede producirse la muerte de una parte del corazón (se produce un infarto de miocardio).

La oclusión de la luz de un vaso por un trombo o una placa de arteriosclerosis de denomina trombosis. Según donde se produzca el cuadro hablamos de: angina de pecho e infarto de miocardio si se produce en el corazón, accidentes cerebrovasculares (también llamados ictus cerebral, apoplejía, derrame cerebral, golpe o ataque cerebral) si se produce en el cerebro y una enfermedad vascular periférica si el daño u obstrucción tiene lugar en las arterias y venas que irrigan diversas partes del cuerpo.

1. La nitroglicerina permitió controlar los ataques de angina de pecho. Fue descubierta por el químico italiano Ascanio Sobrero que trabajaba en la Universidad de Turín en 1847 y en 1987 el químico Alfred Nobel creó la dinamita al absorber la nitroglicerina en una materia porosa e inerte (p.ej., arcilla seca, yeso, carbón, etc.). En 1876 Thomas Lauder Brunton, que trabajaba en el hospital de San Bartolomé de Londres, experimentó en sí mismo la nitroglicerina, pero al observar que producía una fuerte cefalea, dejó de interesarse por este fármaco. A pesar de ello, un año más tarde, William Murrell del Hospital de Westminster de Londres comprobó la efectividad de la nitroglicerina oral (en cápsulas que al morderse difundían su contenido a la cavidad bucal) en el tratamiento del ataque agudo de angina. Cuando estos resultados fueron publicados en la revista Lancet en 1879, la reacción de la clase médica fue furibunda, preguntándose cual sería la reacción de los pacientes si supieran que estaban siendo tratados con el explosivo dinamita. A pesar de estas críticas en el momento actual, y a pesar de que han transcurrido 137 años, la nitroglicerina sigue siendo el fármaco de elección para suprimir los ataques de angina de pecho, ya que produce una dilatación de las arterias coronarias,y aumenta el aporte de oxígeno y nutrientes al corazón.

2. Las estatinas permitieron reducir la progresión de las placas de ateroma. Hoy sabemos que existe una relación directa entre el aumento de los niveles plasmáticos de colesterol total (hipercolesterolemia) y la aparición de complicaciones arterioscleróticas (cardiopatía isquémica, hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares, enfermedad vascular periférica) y que la reducción de los niveles elevados de colesterol retrasa la progresión e incluso puede reducir el tamaño de la placa de ateroma y disminuye la mortalidad de los pacientes.

El descubrimiento de estos fármacos es un nuevo caso de azar. Dos investigadores, uno japonés (Akiro Endo) y otro americano (Hoffman), estaban trabajando con cultivos de los hongos Penicillium citrinum y Aspergillus terreus en un intento de identiticar productos que permitieran a las plantas protegerse de organismos parásitos mediante la inhibición de la síntesis de colesterol. De esta forma descubrieron dos sustancias, a las que denominaron Mevastatina (1976) y lovastatina (1980), respectivamente. Estos fármacos inhibían una enzima clave (la 3-hidroxi-3-metilglutaril CoA reductasa) que regula la síntesis del colesterol en el hígado. Para compensar esta menor síntesis, las células hepáticas captaban el colesterol de la sangre lo que permitía reducir de forma importante los niveles de colesterol. Esto permitía reducir o controlar la hipercolesterlemia, retrasar la progresión de las placas de ateroma y reducir las graves complicaciones que ello conllevaría.

3. Anticoagulantes. La sangre es un líquido y se denomina coagulación al proceso por el cual la sangre líquida pasa a convertirse en coágulos de sangre semisólidos (trombos). Estos trombos pueden formarse en un vaso sanguíneo o dentro del corazón. El trombo localizado en un vaso puede obstruir el flujo de sangre, impidiendo el suministro de oxígeno a los tejidos. Si el trombo obstruye de forma continua una arteria coronaria puede producirse la muerte de una parte del corazón (se produce un infarto de miocardio). En el proceso de formación del trombo juegan un importante papel las plaquetas, que en un primer paso se adhieren a la pared de los vasos lesionados y, posteriormente, se activan y forman conglomerados que forman el trombo.

En 1924, Frank W. Schofield, un veterinario de Alberta en Canadá, observó que el ganado moría de forma misteriosa por hemorragias incontrolables que él correlacionó con el hecho de que los granjeros habían dejado de alimentar al ganado con maíz y los habían sustituido por trébol dulce (Melilotus alba) fermentado en silos, por lo que los animales ingerían trébol mohoso. En 1941 Harold A Campbell y Karl Paul Link demostraron que la forma natural de trébol dulce contenía cumarina que se convertía en dicumarol (o Simtrom), un potente anticoagulante, al ser infectado por diversos hongos. El dicumarol actúa como un antagonista de la antivitamina K que inhibe la síntesis hepática de los factores de la coagulación II, VII, IX y X cuya síntesis hepática es dependiente de la vitamina K. Esto explica por qué la acción anticoagulante del dicumarol puede antagonizarse por la vitamina K. Karl Paul Link siguió trabajando para desarrollar anticoagulante más potentes, lo que consiguió con la warfarina, que se comercializó como raticida en 1948, aunque posteriormente se ha convertido en el anticoagulante oral más utilizado en el mundo en los últimos 60 años.

En 1916 J. McLean, un estudiante de la Universidad John Hopkins descubrió por azar que los extractos de hígado aceleraban o inhibían la coagulación. Poco después, William H. Howell y su alumno L. Emmett Holt (1918) describieron una sustancia con propiedades anticoagulantes a la que denominaron heparina por la alta concentración que alcanzaba en el hígado. La utilización clínica de la heparina se inició en 1935 por Gordon Murray en Toronto y Clearance Crafoord en Estocolmo, quienes demostraron su utilidad para prevenir las trombosis. Un año más tarde, Gordon Murray y Charles Best demostraron que prevenía la trombosis coronarias.

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