La década que permitió controlar las enfermedades mentales

La década prodigiosa

Así podríamos llamar al periodo comprendido entre 1949 y 1959, ya que los fármacos desarrollados en este corto espacio de tiempo permitieron abordar las principales enfermedades mentales (esquizofrenia, depresión y ansiedad) y poner las bases de una nueva forma de tratarlas que permitía a los pacientes abandonar aquellas instituciones denominadas manicomios.

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1. Los neurolépticos (antisicóticos, antiesquizofrénicos o tranquilizantes mayores). La esquizofrenia es una enfermedad mental grave, crónica y deteriorante, caractarizada por alteraciones de la percepción, el pensamiento y las emociones. El desarrollo de fármacos antisicóticos se inicia durante la II Guerra Mundial mientras se estudiaba algo bien distinto a las enfermedades mentales. De hecho, se estudiaba si existía una relación entre la liberación de histamina, un mediador de la respuestas inflamatoria e inmunitaria y el estado de choque (o shock) que aparece tras la cirugía y que cursa con signos de hipovolemia (disminución del volumen de sangre), disminución muy marcada de la presión arterial y piel fría y de color azulada (cianosis), especialmente extremidades, por insuficiente aporte de sangre.

En un intento de disminuir la liberación de histamina, en 1949, el cirujano Henri-Marie Laborit utilizó derivados de la fenotiazina en un cóctel prequirúrgico para inducir anestesia y sedación. En 1950 Paul Charpentier sintetiza la clorpromazina y el 19 de enero de 1952, este fármaco fue administrado, junto con un opiáceo (petidina), un barbitúrico (pentotal) a un paciente maníaco muy agitado de 24 años, quien rápidamente comenzó a calmarse, prolongándose esta situación durante varias horas. El 7 de febrero, el paciente estaba lo suficientemente calmado como para jugar a las cartas y realizar actividades normales, aunque mantenía ciertas actitudes hipomaníacas. Finalmente, al cabo de tres semanas de tratamiento, el paciente fue dado de alta en el hospital. En 1952 Pierre Deniker y Jean Delay (primer presidente de Asociación Mundial de Psiquiatría) describieron que la clorpromazina reducía la agitación y producía quietud emocional, enlentecimiento de la actividad motora e indiferencia afectiva. A este estado lo denominaron «síndrome neuroléptico» (del griego neuro, “nervio”, y lepto, “atar”). Entre mayo y julio de 1952, Delay y Deniker estudiaron los efectos de la clorpromazina en 38 pacientes que presentaban estados de agitación y excitación, manía, confusión mental y procesos psicóticos agudos, constatando la eficacia terapéutica del fármaco, a la vez que comprobaron la pobre respuesta en los pacientes con depresión. Era la primera vez que disponíamos de fármacos capaces de tratar la esquizofrenia, psicosis (enfermedad mental grave caracterizado porque el paciente pierde en algún momento el contacto con la realidad), el trastorno bipolar (psicosis maníaco-depresiva) y otras alteraciones mentales tales como demencias y estados de agitación. Como alguien ha dicho, los neurolépticos han vaciado los manicomios.

2. Los antidepresivos. La depresión es una enfermedad del estado del ánimo, caracterizada sobre todo por una tristeza profunda, pérdida del ánimo, del humor o el interés por las actividades habituales, fatiga, falta de atención y de concentración, pérdida del apetito y peso, alteraciones del sueño, sentimiento de inutilidad y pensamientos recurrentes relacionados con el suicidio o la muerte. La depresión aparece en el 3-5% de la población, aunque que a lo largo de la vida puede afectar hasta un 20% de la población. La imipramina fue el primer fármaco antidepresivo utilizado en el tratamiento de la depresión. Su historia se inicia en 1950, gracias a la perspicacia del investigador suizo Roland Kuhn, a quien la empresa farmacéutica suiza J.R. Geigy había enviado diversos antihistamínicos, que aunque si bien eran eficaces producían numerosos reacciones adversas, lo que obligó a discontinuar los estudios. En 1956, le enviaron otro antihistamínico con una estructura química novedosa (presentaba una estructura de tres anillos, tricíclica, similar a la de la clorpromazina) que probó en 300 pacientes que padecían esquizofrenia y depresión endógena (es decir, sin causa aparente) observando que aunque su eficacia en los pacientes psicóticos era inferior a la de la clorpromazina, su actividad antidepresiva era superior a la de cualquier sustancia conocida hasta la fecha. Este fármaco fue el primer representante de una nueva familia de fármacos, conocida como antidepresivos imipramínicos o tricíclicos. La paradoja es que un fármaco que se había desarrollado como antiesquizofrénico resultó ser un excelente antidepresivo.

3. Las benzodiazepinas. Son fármacos ansiolíticos, es decir, que alivian o suprimen la ansiedad. Estos fármacos fueron originalmente sintetizados por Leo H. Sternbach, un químico de la Universidad de Cracovia. Por su origen judío emigró a los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, y trabajando en los Laboratorios Hoffmann-La Roche Inc. desarrolló unos 40 nuevos compuestos que resultaron inactivos. Sin embargo, el azar hizo que la reacción química de síntesis de uno de estos compuestos (Ro 5-0690) siguiera una vía diferente. Los resultados observados en 1957 con este fármaco fueron extraordinarios: “La sustancia posee efectos hipnóticos y sedantes y, produce una potente ralajación muscular”. Este nuevo tranquilizante era desde el punto de vista químico una 1,4-benzodiazepina, se le denominó clordiazepóxido y su nombre comercial, Librium. Sternbach también desarrolló en 1963 el Diazepam o Valium. Ambos fármacos forman parte de la historia de la farmacología. A partir de 1960 se sintetizaron miles de benzodiazepinas, de las que más de 100 han sido comercializadas en distintos países, para el tratamiento de ansiedad, insomnio (las benzodiazepinas son hipnóticos que inducen el sueño) y otros estados afectivos, así como las epilepsias, medicación preanestésica, abstinencia alcohólica y espasmos musculares.

Para completar la década mágica de la Psiquiatría, tan sólo recordar que en 1949 el australiano John F. Cade había introducido el litio en la prevención de las enfermedades maníaca y depresiva, en 1950 Ludwig había introducido el meprobamato (el primer fármaco sedante e hipnótico) o que en 1952 se había descubierto el primer antidepresivo inhibidor de la monoamino-oxidasa [por Herbert Hyman Fox de Hoffmann-La Roche Laboratories y Harry L. Yale del Squibb Institute for Medical Research).

 

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