Más de 20.000 colores para tu medicación. Parte II.

¿Importa el color de un medicamento?

Antes de empezar a hablaros de nuevo sobre el color de los medicamentos, os recordamos nuestro post anterior sobre la historia del medicamento y en el que el Dr. Tamargo nos adelantaba que el color sí es importante, de hecho, hay estudios que relacionan los colores con el género y la edad del paciente, con el sabor, con su efectividad o, por ejemplo, que el significado de los colores cambia según países y culturas.

Entonces, ¿importa realmente el color de un medicamento? Y parece ser que sí. Por ejemplo:

«Algunas personas piensan que las pastillas de color rosa son más dulces que las de color rojo, que las de color amarillo son más saladas, que las de color blanco o azul son más amargas y que las de color naranja más agrias.

Además, numerosos estudios han demostrado que el color también transmite al paciente algún mensaje acerca la «potencia» de un medicamento.

El color naranja transmite energía y el color rojo («fuego») sugiere que el fármaco podría conseguir un alivio rápido del dolor (efecto analgésico). De hecho, las cápsulas de color rojo y negro producirían un efecto analgésico más efectivo que las de color azul o verde y las de color blanco serían las más débiles.

Los tonos marrones y rojos parecen significar y conllevar una sensación de gravedad en un determinado tratamiento y los fármacos con ese color se califican de potentes y se utilizan en el tratamiento de las dolencias cardiacas. Por el contrario, los colores verdes y amarillos se asocian a poca potencia y este color lo presentan algunos medicamentos utilizados en procesos dermatológicos.

En una revisión de 12 estudios que analizaban diversos medicamentos destinados a tratar diversas enfermedades del sistema nervioso central se comprobó que los colores rojo, amarillo y naranja se asocian con un efecto estimulante, mientras que colores azul y verde transmiten tranquilidad y relajación y sugieren que el medicamento nos permitirá dormir bien por la noche o mitigar el dolor. De hecho, los fármacos hipnóticos (que inducen somnolencia y sueño), sedantes o ansiolíticos presentaban con mayor frecuencia colores verdes, azules o púrpura. Y los pacientes afirmaban que se dormían más rápido y dormían más tiempo tras tomar una cápsula azul que si tomaban una de color naranja.

También existe una correlación entre el color y el género o la edad del paciente. El color azul es masculino y ello ha funcionado con éxito en la comercialización de Viagra, por ejemplo. A las mujeres les gustan más los colores rosa, amarillo y rojo (predominan en las píldoras anticonceptivas) y a las personas mayores el color rojo. Los niños consideran que el rosa es un color dulce y por ello los medicamentos para los más pequeños a menudo tienen este color.

Sin embargo, el significado del color para los pacientes cambia con el tiempo, por lo que los resultados de los estudios realizados hace 15-20 años pueden no ser extrapolables al momento actual. Lo mismo ha sucedido con las bebidas y los alimentos de moda que cambian con el tiempo.

Por otro lado, el significado de los colores cambia según países y culturas. Es decir, que los resultados observados en estudios de mercado en los Estados Unidos no tienen por qué ser extrapolables a Europa, e incluso pueden existir diferencias amplias entre los distintos países europeos».

Así que, como decíamos al principio, parece ser que sí. Los colores afectan la acción percibida de un medicamento y parecen influir en la eficacia de un fármaco. 

En imagen, que siempre es más fácil, sería algo así:

color-medicamentos

–A este paso el color en medicina va a ser más importante que en las imprentas. ¿Utilizarán pantoneras los laboratorios?–

Pero, bromas aparte, hay personas que pueden verse más afectadas por el color del medicamento que otras, como los ancianos y los pacientes multimedicados, por ejemplo. Pero esto lo dejamos ya para otro post en el que veremos si el color de un medicamento podría hacer que los pacientes sigan mejor o peor su tratamiento

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