Mejor me quedo en casa

Un viaje ficticio a Río pasando por todo lo malo que te puede pasar

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Supongamos que, por esas cosas que pasan, has ganado un viaje a Río de Janeiro. Una lata de Coca Cola Zero, una promoción, un tuit, y sí, eres tú quien se va a ver los Juegos Olímpicos. Tú y un acompañante, para que no te aburras.

Al principio te alegras, cómo no. Parece que ya estás saboreando tu cachacinha o tu agua de coco, con la mirada perdida en el encuentro entre cielo y mar como Toquinho y Vinicius de Moraes hasta que el idiota de tu compañero de despacho te suelta un “ten cuidado con lo del mosquito ese, que hasta Gasol se va a congelar el semen”. Sonríes, pero miras en el móvil los consejos del Ministerio de Exteriores y respiras con alivio. No estás embarazada. No te vas a bañar en ningún sitio que no sea la pisci del hotel de 5 estrellas y lo de la comida, bueno, un antidiarreico siempre hay que llevar.

Como suele suceder, dejas lo de la maleta para el día antes. Vas con prisas, sudas, pones el aire, metes 4 bikinis, tres camisetas, y sales corriendo a depilarte para presumir de ingles brasileñas. El contraste entre la Helsinki en que has convertido tu casa y el Madrid de agosto te hace estremecer cuando vuelves a entrar. 

Ya en Barajas, tu amiga y tú oís no sé qué de una huelga de controladores franceses. Vale, pues ese es el motivo por el que vais a salir 3 horas tarde. En una sala VIP, a 18º. Te echas la mano a la garganta, y no por el precio del refresco en el aeropuerto.

Como todo pasa, ya estáis en el avión. “Mierda”, musitas, te has dejado los chicles, así que durante el vuelo andas medio sorda. Claro, que eso no es lo peor. El aire termina de castigar tu maltrecha garganta, pero de eso te darás cuenta al aterrizar, tus piernas son dos garrotes que ni sienten ni padecen. 

26º y una humedad del 67% te dan la bienvenida. Tú, educada, estornudas.

Cansada como llegáis (tú más), vais derechitas a la piscina. Con la pulserita tenéis barra libre (en su más amplio sentido) y os sentís dos reinas. Tomáis posesión de dos tumbonas, brindáis con una caipirinha, o dos o tres, no recuerdas, y caes en un reparador sueño del que te despierta una sensación de quemazón porque, aunque Brasil sea un país abençoado por Deus, bonito por natureza y allí sea invierno, es un país tropical, con su sol tropical y sus cosas tropicales.

Resfriada, achicharradas (de esto tu amiga no se ha librado) os acicaláis para darlo todo en la noche carioca. En el curro bromeaban con el hecho de que os llevéis a la cama a un mulato de esos que dan patadas acrobáticas (lo que hay que aguantar), pero mira, los dos morenos que conocéis tampoco están mal. Nada raro, según un estudio de la Universidad de Oxford, el 25% de los viajeros pilla cacho en sus vacaciones. Bien. Lo que no está tan bien, es que el 66% lo hace sin condón. Uy, uy uy…

Bueno, para quitarte ese come-come, te vas dar un paseo por Ipanema. Su arena blanca y cálida te hacen olvidar el resfriado, las quemaduras, la posibilidad de haber cogido algo… ¿Qué más te puede pasar? 

Tus vacaciones llegan al final. Has visto dos partidos de voley playa, a los chicos de Scariolo, a Nadal y vuelta casa. Esta vez llevas un fular, chicles, vas a levantarte varias veces a estirar las piernas… el vuelo sale a su hora, y eso que el aeropuerto internacional de Galeao bate records.

Por cierto, ¿sabes lo que es la fatiga de vuelo

Nota: no hemos hablado de drogas, de tatuajes, de una excursión a la Amazonía, de la peligrosidad de algunos barrios… Así que peor puede ser, o no. Mientras, quedémonos con lo bueno.

Adeus!

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