Origen de los antibióticos

¿Recordáis nuestro anterior post de Fórmula Magistral? En él os resumíamos mediante una infografía los principales fármacos aparecidos a lo largo del siglo XX según el Dr. Tamargo.

Como sois curiosillos, lo sabemos, a partir de hoy os contaremos la historia de cada uno de estos hitos farmacológicos que marcaron un antes y un después en nuestras vidas.

El Dr. Tamargo nos aclara que en este listado faltan muchos fármacos que, por cuestiones de espacio, no ha incluido en la lista. En ella nos menciona en primer lugar a los antibióticos.

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LA LUCHA CONTRA LAS INFECCIONES BACTERIANAS:

Antibióticos (del griego, anti,’contra’; bios, vida’).

Junto con las medidas de higiene y salubridad, los antibióticos suponen uno de los más importantes puntos de inflexión en la mortalidad en el siglo XX. Los antibióticos son sustancias químicas producidas por un ser vivo o sintetizados en el laboratorio que tienen la capacidad de destruir (antibiótico bactericida) o de impedir el crecimiento de ciertos microorganismos sensibles (antibiótico bacteriostático), generalmente bacterias, responsables de múltiples procesos infecciosos. Gracias a ellos, enfermedades que durante siglos diezmaban la población, como la peste, la tuberculosis, la sífilis, la lepra, la meningitis, las diarreas infantiles o las infecciones puerperales, han desaparecido y han permitido reducir en más de un 90% la mortalidad por enfermedades infecciosas.

En 1900, el bacteriólogo alemán Rudolf von Emmerich aisló una sustancia que podía destruir los microbios causantes del cólera y la difteria en un tubo de ensayo, pero no pudo aplicarlo en el tratamiento de las enfermedades. El primer antibiótico fue el Salvarsan, descubierto por Paul Ehrlich en 1909, que era efectivo en el tratamiento de la sífilis. Pero el gran descubrimiento fue realizado en septiembre de 1928 por Alexander Fleming que trabajaba en el hospital Santa María de Londres, quien observó que en una de las placa de Petri sembradas con Staphylococcus aureus que estaba contaminada por un hongo las colonias bacterianas que se encontraban alrededor del hongo (Penicillium notatum) eran transparentes debido a que se había producido muerte bacteriana. Fleming intuyó que el hongo había producido una sustancia natural con efectos antibacterianos a la que se le denominó penicilina. En un principio el descubrimiento fue subestimado, pero los químicos Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey desarrollaron un método de purificación de la penicilina que permitió su síntesis grandes cantidades y la realización de los primeros ensayos clínicos en 1940. En 1945 Fleming, Florey y Chain ganaron por este descubrimiento milagroso el Premio Nobel de Medicina. Actualmente, la penicilina es el antibiótico más conocido, y ha sido empleado para tratar múltiples enfermedades infecciosas, como la sífilis, la gonorrea, el tétanos o la escarlatina.

En 1935 Gerhard Domagk descubre las sulfamidas y en 1939 René Dubos de la Fundación Rockefeller descubrió la tirotricina, compuesta de dos polipéptidos, la tirocina y la gramicidina, que tenían propiedades antibacterianas. En los años 40 Selman Abraham Waksman, biólogo norteamericano aisló hasta diez antibióticos, tres de los cuales tuvieron éxito en clínica: la actinomicina (1940), la estreptomicina (1944), y la neomicina (1949). La estreptomicina fue el primer antibiótico aminoglucòsido aislado en 1944 de una cepa de Streptomyces griseus por Selman A. Waksman (quien ganó el Nóbel en 1952 por este descubrimiento). Este antibiótico permitió tratar la tuberculosis, una enfermedad que por aquel entonces afectaba a cerca de diez millones de personas en Europa.

En el año 1945 Giusseppe Brotzu relacionó la buena salud de los bañistas de las aguas contaminadas del golfo de Cagliari en la costa sur de Cerdeña con la acción de ciertos microorganismos productores de antimicrobianos y en 1948 aisló el hongo Cephalosporiun Acremonium, que fue la fuente de una nueva familia de antibióticos, las cefalosporinas. Desde entonces se han aislado numerosas cefalosporinas que se agrupan en generaciones que presentan un amplio espectro antibacteriano.

En 1947 Paul Burkholder aisló el cloramfenicol del Streptomyces Venezuelae en 1947, que se utilizó con éxito en epidemias de tifus y de fiebre tifoidea. A partir de otras especies de Streptomyces posteriormente se obtuvieron la clortetraciclina (1948), la neomicina (1949), la eritromicina (1952), la vancomicina (1956), la kanamicina (1957), la tobramicina (1967), la tobramicina (1968) y la amikacina (1972) y, a partir de distintas especies del género Micromonospora spp, la gentamicina (1958).

Estos y otros muchos antibióticos han permitido controlar las enfermedades infecciosas respiratorias y gastrointestinales que ocupaban las principales causas de mortalidad en 1900. Sólo nos queda utilizarlos de forma juiciosa para evitar que las bacterias se hagan a su acción, pues las resistencias bacterianas nos dejan sin armas para combatirlas.

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