PINZAS, CORTANT, RASPADOR Y ESTO NO LO VAS A NOTAR NADA…

O la terrorífica cita en el dentista

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Halloween ya ha pasado pero que no, que no queremos, que no nos gusta, que nos da miedito ir al dentista. Porque así como hablamos hace un tiempo de las encantadoras visitas al ginecólogo, hoy hablaremos de las relajantes y sobre todo apetecibles citas con el dentista.

Vale que no siempre es incómodo, porque pensad cuando… no, siempre es incómodo. Hasta una simple y rutinaria limpieza de boca es tirando a poco placentera por mucho que una vez acabada no podamos dejar de pasar la lengua por los dientes para disfrutar de la suavidad y limpieza que nos han dejado.

Pero es que, vamos a ver, a quién en su sano juicio le apetece tener a una persona a 10 centímetros de la cara, con cosas metálicas y frías metidas en la boca (ejem, esto igual a gustos) y con un tubo de plástico absorbiéndote el papo interno. Y es que, a esta situación se une el miedo a que te encuentren una caries, una fisura o al hermano pequeño poco higiénico de un troll entre los dientes. Los dentistas encuentran de todo en un espacio más bien reducido, bueno, si tienes una boca como la de Mick Jagger seguro hasta encuentran los aviones desaparecidos.

Además, antes de ir a la cita, nos lavamos los dientes como si le hubiésemos pegado un buen morreo a Jabba y todo el agua de la galaxia se acabara junto con el dentífrico y los cepillos por siempre jamás, todo de golpe.

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bellecs.tumblr.com

Pues aún así, siempre acaban encontrando algo que no debería estar ahí: “No usa usted el hilo dental lo que debería, come muy rápido y le gusta mucho el café” y uno piensa “¡cómo lo sabe!”. Y para rematar la maldad, preguntan cosas cuando estamos con la boca abierta, el aspirador en el papo, el espejito investigando y venga, ya estamos todos.

– ¿Qué tal ha ido el puente?
– Guy guen, guen, emgos guios a la laya.

Y lo más fuerte es que los dentistas nos entienden, no solo lo que acabamos de contestar en idioma plutoriano del norte, entienden que nos da miedo y que no nos gusta, pero debemos recordar que siempre es por nuestro bien y por nuestra buena salud bucodental, porque a ver, ¿tú qué prefieres: una cita en el dentista o un dolor de muelas?

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