Pobre de mí

Antes de nada:

Cuando comenzamos a escribir este post nada había pasado aún. La primera corná la recibimos dando un último repaso: «una chica de 19 años había sido violada por cinco hombres». Hoy, al publicarlo, leemos en el periódico que han sido cuatro las mujeres agredidas sexualmente, que hubo otro intento más de agresión y otros 7 abusos más a chicas. Justo un año en el que el ayuntamiento de Pamplona lanza una campaña contra los tocamientos y la violencia sexual.

4 mujeres 4 en cinco días. Cuatro mujeres que siempre recordarán estos sanfermines entonando el Pobre de mí

A estos mediohombres sí que les metíamos nosotras una corná. Y de las grandes. Y dicho esto, ahora ya sí podemos cambiar de tercio y dejaros con el post que teníamos previsto:

sanfermines

En San Fermín lo de «una vez al año no hace daño» no siempre se cumple.

San Fermín es la fiesta más famosa de España. Un millón de personas, de las cuales 800.000 vienen de fuera, consumo desaforado de alcohol, noches interminables, ruido y 3 minutos donde cientos de mozos corren delante de 6 toros. En un ambiente así, podemos decir que tras los toros y los camareros, en Sanfermines los servicios médicos son los más importantes.

De hecho, al igual que se hacen estudios sobre el impacto económico del turismo en esta semana larga de julio, todos los años hay un resumen con el parte de bajas. Digamos que mientras se entona el Pobre de mí ya hay alguien con el Power Point para hacer el pertinente resumen.

Ganadería Cebada-Gago. Cuando peor es mejor. Lo mismo los corneados no opinan igual.

Y es que es increíble el dispositivo que se monta para estas fiestas. Viene a ser como 9 nochesviejas (¿se dice así?) seguidas. Solo en los encierros hay un punto de socorro cada 53 metros y 16 ambulancias medicalizables. Claro, que esa oleada de gente ávida de desenfreno se parece más a la llegada de un huracán caribeño, ya hasta el mismísimo Gobierno de Navarra tiene un plan de actuación, recomendando a los pamplonicas que no acudan a las urgencias del Hospital de Navarra, que ya hay unos cuantos centros de atención por la ciudad y dejen sitio para los casos más graves, que los va a haber.

Porque sí amigos, sí, esos turistas que nos llegan no son los de chancla y calcetín. En primer lugar, porque ir con sandalias es uno de los errores más tontos que puedes cometer si vas a estar horas pululando por calles llenas de cristales y orín (qué bonita palabra) y donde te van a empujar y pisotear como si no hubiese un mañana. Digamos que el tipo de turista al que nos referimos es una mezcla entre hooligan, veraneante en Magaluf y prota de peli juerga-universitaria-con-pasotes-y-risas cuya escena culmen de final chungo, podría ser el salto desde la fuente de la Navarrería.

Desde luego, que los de la tierra tampoco es que sean ursulinas. No hace falta que vengan de fuera a enseñar a beber y comer a los pamplonicas. Una dieta de calimocho y ajoarriero te hace capaz de resistir cualquier tipo de invasión. Y luego están los del resto de la piel de toro, que piensan que como nos les van a ver los de su barrio, se pueden beber hasta el agua de los floreros.

Realmente, a medida que escribimos vemos que todo, todo, es, por decirlo así, bastante perjudicial para la salud. Pero por eso mismo triunfa. Nos gustan los excesos. Hay que ir a “morir”, y multitud de artículos, webs de viajes…, lo que intentan es que no se cumpla, aunque se den todos los pasos para hacerlo. 

Llamadnos señoronas si queréis, pero ni hasta arriba de vino de Navarra nos veréis salpicadas por el método antiorín ni sabremos lo que es el miedo en su más pura expresión. Vamos, que ni nos levantamos a ver los encierros (los vemos en diferido mientras desayunamos). Pero eso sí, en septiembre una escapada a Pamplona cae seguro y comeremos y beberemos lo que nos pongan por delante, pero sin apreturas porque para nosotras, 1 ya es multitud.

¡Riau, riau!

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