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Remedios prodigiosos, laxantes para todos, viva el descontrol

¡Qué bonitos los anuncios y qué antiguos! ¡Y qué barbaridades, oiga!

¡Uy, qué bonito es esto oiga y qué antiguo! Así decía una de las mil ingeniosas frases de la película “Amanece que no es poco”, una película donde pasaban cosas maravillosas, surrealistas y muy poco convencionales. Pero hoy no vamos a hablar de películas poco convencionales sino de lo poco convencionales y políticamente incorrectos que son los anuncios de medicina y medicamentos antiguos.

Tenemos que aclarar que, actualmente, la publicidad médica o farmacológica es una de las más controladas, de las que más prohibiciones tiene, más legales y de las que más exámenes tienen que pasar antes de que el público la pueda ver. Ahora, cuando contemplamos los anuncios antiguos nos sonreímos, qué menos, y luego nos sorprendemos o al revés. Nos parece inverosímil que algo así pudiera anunciarse y para el gran público. Así, una familia entera podía ver cosas tan impensables como médicos fumando, sexismo puro y duro, remedios 100% efectivos sin serlo y bueno, juzgad vosotros mismos lo que hemos encontrado por ahí.

Niños que aman los medicamentos, sobre todo, los laxantes. ¡Claro que sí! Ahí, bien de ánimos. Entendemos que los niños muchas veces no quieren tomar los medicamentos pero esto…

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Laxettes Ad (1952) from mid-centurylove.tumblr.com

 

Y en este packaging, la niña directamente está poseída o lo que viene siendo ser un poco jonky pero claro, como saben a caramelos, ella no tiene la culpa.
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Ahora, no asustarse, que vienen unas cuantas drogas en frascos, literalmente. De heroína, cocaína, L.S.D., opio, cannabis… como este frasco de heroína Bayer que a parte de quitar la tos de tu hija la dejaba “suavesita”, a la niña, no a la tos.

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El señor de Pepto Cocaina, ¿por qué se frotará las manos mientras sonríe con cara maliciosa? Porque va a hacer fenomenal la digestión… tenemos dudas.

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Photo: Found in Mom’s Basement

 

Si no os sorprendéis con este anuncio, es que os habéis pasado con alguno de los medicamentos anteriores o sois de cartón  😉 . Veamos, los creativos y clientes de este “medicamento” debieron de pensar: cómo podemos decir en un mismo anuncio que el producto funciona tanto para personas como animales… Ya está, no hay otra, los ponemos juntos en la cama, sonriendo eso sí, que con ponerlo en el texto varias veces no se va a entender. ¡Venga, muy bien, perfecto, pues listo!

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Photo: The U.S. Food and Drug Administration

 

En fin, que nos despedimos con el siguiente anuncio que no es un anuncio de medicamentos, es de cigarrillos. Menos mal… Nop, igual o peor. Fumar es muy malo para la salud incluso aunque sea la marca más fumada por los doctores en esos años (que no doctoras, por supuesto, ñiiiii).

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Photo: architecturendesign.net

Fármacos antirretrovirales

Hitos farmacológicos del Siglo XX

Bueno, pues todo llega. Y esta es ya, oficialmente, nuestra última entrega en la historia de los principales fármacos del siglo XX según el Dr. Tamargo. Los antirretrovirales. Fármacos tan sonoros en su pronunciación como eficaces, porque aunque no curan la enfermedad y las personas infectadas siguen siendo portadoras del virus, han convertido al SIDA en una enfermedad crónica compatible con una vida larga y casi normal en lugar de una peligrosa plaga hace tan sólo 25 años.

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 EL SIDA, DE UNA ENFERMEDAD MORTAL A UNA ENFERMEDAD CRÓNICA

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA en castellano y AIDS en inglés) es una enfermedad de transmisión mayormente sexual que se describe en 1981 y que es producida por el virus VIH (virus de inmunodeficiencia humana). La transmisión del VIH requiere contacto con líquidos corporales que contengan células infectadas o plasma. Tras la infección inicial, que puede ser asintomática o manifestarse por síntomas tipo-gripe, el paciente puede ser asintomático. Posteriormente, a medida que la infección progresa, interfiere con el sistema inmunitario, produciéndose una pérdida progresiva de una células sanguíneas llamadas T CD4+ y aumenta el riesgo de infecciones comunes (pneumonía, tuberculosis).

Desde 1985 disponemos de distintos grupos de fármacos demoninados antirretrovirales, que inhiben diversos enzimas esenciales (transcriptasa inversa, proteasas e integrasas) para que el virus VIH se multiplique en el interior de una célula hospedadora impedir la multiplicación del virus y hacen más lento el proceso de deterioro del sistema inmunitario. Otra alternativa es impedir la entrada del virus en la célula huésped. Desde 2007 disponemos de preparados que combinan tres de los antirretrovirales más usuales (inhibidores de la transcriptasa inversa y de las proteasas) en una única pastilla. De esta manera hemos conseguido frenar el progreso de la enfermedad y la aparición de infecciones oportunistas, pero no curamos las infecciones por VIH, ya que las personas infectadas aún tienen el virus en el cuerpo y pueden transmitir la enfermedad. Es decir, que los fármacos antirretrovirales han convertido al SIDA en una enfermedad crónica compatible con una vida larga y casi normal y hemos pasado a no temer una enfermedad que se consideraba una peligrosa plaga hace tan sólo 25 años.

HIPERTENSIÓN ARTERIAL

Ya sabéis que en Cada 8 horas os vamos contando la historia de los principales fármacos descubiertos a lo largo del siglo XX. En nuestro post anterior el Dr. Tamargo nos hablaba del origen de los fármacos empleados en las enfermedades mentales y en esta ocasión le toca el turno a los fármacos empleados para controlar la hipertensión arterial.

Ya de antemano os avisamos que este post es para curiosos-modo-experto. De hecho, si somos sinceras, lo del sistema renina-angiotensina-aldosterona nos ha superado con creces el nivel de usuario que tenemos. De todas formas, no pasa nada. Nos gustan los retos y lo que haremos más adelante será empezar por el principio y pedirle que nos explique esto de la hipertensión arterial pero para dummies en cuestiones de salud, como somos nosotras. Y eso haremos. Prometido.

Aún así, su historia encierra cosas tan curiosas como que en la actualidad existen más de 80 fármacos para tratar la hipertensión arterial y este dato, a nosotras al menos, nos resulta bastante curioso.

Os dejamos con su post:

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La hipertensión arterial (HTA) podría definirse como una elevación persistente de la presión arterial sistólica (PAS) y/o diastólica (PAD) por encima de unos límites establecidos como normales para la población general, que son 140/90 mmHg. Independiente de la edad y el sexo del paciente, la elevación mantenida de la presión arterial aumenta de forma lineal y continua la incidencia de enfermedades cerebrovasculares, la cardiopatía isquémica (angina de pecho e infarto de miocardio), la insuficiencia cardíaca, las enfermedades vasculares periféricas y las enfermedades renales con respecto a los normotensos de la misma edad y sexo. De los más de 80 fármacos que hoy tenemos disponibles para el tratamiento de la hipertensión arterial, sólo voy a comentar dos grandes grupos que presentan un gran número de aplicaciones clínicas:

1. Diuréticos. En condiciones normales los riñones filtran 180 litros de agua, pero solo eliminamos unos 2 litros al día como orina, lo que indica que el 99% del agua es reabsorbida a distintos niveles en los riñones y este movimiento de agua se acompaña del movimiento de iones (sodio, potasio, calcio). Los diuréticos son fármacos que aumentan la eliminación de sodio y agua actuando directamente sobre el riñón. Como consecuencia reducen aquellos síntomas que acompañan a la retención hidrosalina, como los edemas (hinchazón causada por la acumulación de líquido en los tejidos del cuerpo) y la disnea (dificultad respiratoria que se suele traducir en falta de aire). En la actualidad son los fármacos de elección en el tratamiento de la hipertensión arterial y de diversos procesos que cursan con edemas (insuficiencia cardiaca, renal o hepática, o producidos por fármacos).

En 1953, Karl H. Beyer y James M. Sprague que trabajaban en la compañía Sharp & Dohme Inc. iniciaron el Programa Renal que buscaba nuevos fármacos capaces de aliviar los edemas a través de la eliminación de sodio, cloro y potasio. Para ello empezaron a estudiar compuestos derivados de las sulfamidas, fármacos antibacterianos que se habían introducido en los años 30.

En 1955, Frederick C. Novello observó que, como consecuencia de una alteración en el proceso de síntesis, se había formado un compuesto no esperado, la clorotiazida, que resultó ser el primer diurético de la familia de las tiazidas y que era un potente inhibidor de la reabsorción de agua y sodio por el riñón. Todavía en la actualidad, las tiazidas son los diuréticos más utilizados en el tratamiento de la hipertensión arterial.

George De Stevens y sus colaboradores descubrieron la hidroclorotiazida, que era 10-15 veces más potente que la clorotiazida. Ambos fármacos se denominaron coloquialmente tiazidas y revolucionaron el tratamiento de la hipertensión arterial y la insuficiencia cardíaca.

En los años 60, Heinrich Ruschig que trabajaba en la compañía Hoechst A.G. de Frankfurt sintetizó la furosemida, un diurético mucho más potente que los anteriores. Administrada por vía intravenosa, la furosemida producía una diuresis (secreción de orina) casi inmediata y abundante, siendo muy efectivo en cualquier tipo de edema, incluso en aquellos que no respondían a otros diuréticos. Por primera vez en la historia de la Medicina, la tradicional sangría era reemplazada por la inyección intravenosa de un fármaco.

2. Fármacos que inhiben el sistema renina-angiotensina-aldosterona. El sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA) juega un importante papel en la regulación de la presión arterial y el equilibrio hidrosalino (la correcta proporción de agua, sodio, potasio, calcio y magnesio en el organismo), así como en la génesis de diversas enfermedades cardiovasculares, que aumentan la morbimortalidad del paciente, tales como la hipertensión arterial (HTA), la hipertrofia (aumento del grosor) del corazón, los cambios en la estructura del corazón y las arterias que aparecen en pacientes con insuficiencia cardiaca o tras un infarto de miocardio, la nefropatía diabética (debida al daño que los niveles elevados de glucosa en la sangre producen sobre el riñón), la cardiopatía isquémica o la insuficiencia cardíaca y renal. En todas estas circunstancias, los inhibidores del SRAA han demostrado que mejoran los síntomas, reducen las hospitalizaciones y prolongan la supervivencia del paciente, por lo que son ampliamente utilizados.

Por tanto, parecía lógico obtener fármacos que permitan controlar la actividad del renina-angiotensina-aldosterona. Ello puede conseguirse de diversas formas:

1) Reduciendo la síntesis de la angiotensina con fármacos que inhiben la enzima que convierte la angiotensina I (inactiva) en angiotensina II (activa)

2) Utilizando fármacos que bloquean los receptores AT1 sobre los que la angiotensina II debe actuar para producir sus efectos. 

3) Con fármacos que bloqueen los receptores de la aldosterona. Estos fármacos presentan una peculiaridad y es que también son diuréticos, pero a diferencia de los que hemos comentado en el apartado anterior, no eliminan, sino que retienen potasio en el organismo.

La década que permitió controlar las enfermedades mentales

La década prodigiosa

Así podríamos llamar al periodo comprendido entre 1949 y 1959, ya que los fármacos desarrollados en este corto espacio de tiempo permitieron abordar las principales enfermedades mentales (esquizofrenia, depresión y ansiedad) y poner las bases de una nueva forma de tratarlas que permitía a los pacientes abandonar aquellas instituciones denominadas manicomios.

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1. Los neurolépticos (antisicóticos, antiesquizofrénicos o tranquilizantes mayores). La esquizofrenia es una enfermedad mental grave, crónica y deteriorante, caractarizada por alteraciones de la percepción, el pensamiento y las emociones. El desarrollo de fármacos antisicóticos se inicia durante la II Guerra Mundial mientras se estudiaba algo bien distinto a las enfermedades mentales. De hecho, se estudiaba si existía una relación entre la liberación de histamina, un mediador de la respuestas inflamatoria e inmunitaria y el estado de choque (o shock) que aparece tras la cirugía y que cursa con signos de hipovolemia (disminución del volumen de sangre), disminución muy marcada de la presión arterial y piel fría y de color azulada (cianosis), especialmente extremidades, por insuficiente aporte de sangre.

En un intento de disminuir la liberación de histamina, en 1949, el cirujano Henri-Marie Laborit utilizó derivados de la fenotiazina en un cóctel prequirúrgico para inducir anestesia y sedación. En 1950 Paul Charpentier sintetiza la clorpromazina y el 19 de enero de 1952, este fármaco fue administrado, junto con un opiáceo (petidina), un barbitúrico (pentotal) a un paciente maníaco muy agitado de 24 años, quien rápidamente comenzó a calmarse, prolongándose esta situación durante varias horas. El 7 de febrero, el paciente estaba lo suficientemente calmado como para jugar a las cartas y realizar actividades normales, aunque mantenía ciertas actitudes hipomaníacas. Finalmente, al cabo de tres semanas de tratamiento, el paciente fue dado de alta en el hospital. En 1952 Pierre Deniker y Jean Delay (primer presidente de Asociación Mundial de Psiquiatría) describieron que la clorpromazina reducía la agitación y producía quietud emocional, enlentecimiento de la actividad motora e indiferencia afectiva. A este estado lo denominaron «síndrome neuroléptico» (del griego neuro, “nervio”, y lepto, “atar”). Entre mayo y julio de 1952, Delay y Deniker estudiaron los efectos de la clorpromazina en 38 pacientes que presentaban estados de agitación y excitación, manía, confusión mental y procesos psicóticos agudos, constatando la eficacia terapéutica del fármaco, a la vez que comprobaron la pobre respuesta en los pacientes con depresión. Era la primera vez que disponíamos de fármacos capaces de tratar la esquizofrenia, psicosis (enfermedad mental grave caracterizado porque el paciente pierde en algún momento el contacto con la realidad), el trastorno bipolar (psicosis maníaco-depresiva) y otras alteraciones mentales tales como demencias y estados de agitación. Como alguien ha dicho, los neurolépticos han vaciado los manicomios.

2. Los antidepresivos. La depresión es una enfermedad del estado del ánimo, caracterizada sobre todo por una tristeza profunda, pérdida del ánimo, del humor o el interés por las actividades habituales, fatiga, falta de atención y de concentración, pérdida del apetito y peso, alteraciones del sueño, sentimiento de inutilidad y pensamientos recurrentes relacionados con el suicidio o la muerte. La depresión aparece en el 3-5% de la población, aunque que a lo largo de la vida puede afectar hasta un 20% de la población. La imipramina fue el primer fármaco antidepresivo utilizado en el tratamiento de la depresión. Su historia se inicia en 1950, gracias a la perspicacia del investigador suizo Roland Kuhn, a quien la empresa farmacéutica suiza J.R. Geigy había enviado diversos antihistamínicos, que aunque si bien eran eficaces producían numerosos reacciones adversas, lo que obligó a discontinuar los estudios. En 1956, le enviaron otro antihistamínico con una estructura química novedosa (presentaba una estructura de tres anillos, tricíclica, similar a la de la clorpromazina) que probó en 300 pacientes que padecían esquizofrenia y depresión endógena (es decir, sin causa aparente) observando que aunque su eficacia en los pacientes psicóticos era inferior a la de la clorpromazina, su actividad antidepresiva era superior a la de cualquier sustancia conocida hasta la fecha. Este fármaco fue el primer representante de una nueva familia de fármacos, conocida como antidepresivos imipramínicos o tricíclicos. La paradoja es que un fármaco que se había desarrollado como antiesquizofrénico resultó ser un excelente antidepresivo.

3. Las benzodiazepinas. Son fármacos ansiolíticos, es decir, que alivian o suprimen la ansiedad. Estos fármacos fueron originalmente sintetizados por Leo H. Sternbach, un químico de la Universidad de Cracovia. Por su origen judío emigró a los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, y trabajando en los Laboratorios Hoffmann-La Roche Inc. desarrolló unos 40 nuevos compuestos que resultaron inactivos. Sin embargo, el azar hizo que la reacción química de síntesis de uno de estos compuestos (Ro 5-0690) siguiera una vía diferente. Los resultados observados en 1957 con este fármaco fueron extraordinarios: “La sustancia posee efectos hipnóticos y sedantes y, produce una potente ralajación muscular”. Este nuevo tranquilizante era desde el punto de vista químico una 1,4-benzodiazepina, se le denominó clordiazepóxido y su nombre comercial, Librium. Sternbach también desarrolló en 1963 el Diazepam o Valium. Ambos fármacos forman parte de la historia de la farmacología. A partir de 1960 se sintetizaron miles de benzodiazepinas, de las que más de 100 han sido comercializadas en distintos países, para el tratamiento de ansiedad, insomnio (las benzodiazepinas son hipnóticos que inducen el sueño) y otros estados afectivos, así como las epilepsias, medicación preanestésica, abstinencia alcohólica y espasmos musculares.

Para completar la década mágica de la Psiquiatría, tan sólo recordar que en 1949 el australiano John F. Cade había introducido el litio en la prevención de las enfermedades maníaca y depresiva, en 1950 Ludwig había introducido el meprobamato (el primer fármaco sedante e hipnótico) o que en 1952 se había descubierto el primer antidepresivo inhibidor de la monoamino-oxidasa [por Herbert Hyman Fox de Hoffmann-La Roche Laboratories y Harry L. Yale del Squibb Institute for Medical Research).

 

Principales tratamientos hormonales del siglo XX

En Cada 8 horas seguimos con nuestro exhaustivo repaso a la historia de los principales fármacos aparecidos durante el siglo XX. Hoy hablaremos del origen de los tres tratamientos hormonales más importantes empleados en medicina y que, por una u otra razón han cambiado nuestras vidas, siempre con la ayuda de nuestro colaborador el Dr. Tamargo:

Tratamiento de la diabetes, píldora anticonceptiva y corticoides:

tratamientos hormonales

 

6. TRES IMPORTANTES TRATAMIENTOS HORMONALES:

1. El tratamiento de la diabetes.

La diabetes es una enfermedad crónica caracterizada por un aumento en los niveles de glucosa en la sangre circulante (hiperglucemia) que se produce como consecuencia de que el páncreas no sintetiza la cantidad de insulina que el cuerpo humano necesita, la elabora de una calidad inferior a la habitual o el organismo no es capaz de utilizarla con eficacia. En el momento actual se calcula que en España el 13,8% de la población es diabético. La insulina es es una hormona de 51 aminoácidos, producida y secretada por las células beta del páncreas que permite regular los niveles de azúcar-glucosa en la sangre.

Hay dos tipos de diabetes:

Tipo 1 o juvenil, ya que a aparece en infancia o en adolescencia. Constituye el 5-10% de los casos y es debida a un déficit (generalmente total) en la secreción de insulina como consecuencia de la destrucción progresiva de las células beta del páncreas, que la producen. Estos pacientes deben inyectarse insulina para sobrevivir.

Tipo 2 aparece en edades más avanzadas y constituye el 80-90% de los casos de diabetes. La diabetes tipo 2 es debida a una disminución en la producción de insulina y a una resistencia de las células (especialmente del hígado y los músculos) a la acción de la insulina. Según qué defecto de los dos predomine, al paciente se debe de tratar con fármacos antidiabéticos orales, aunque algunos pacientes pueden necesitar, además, inyectarse insulina.

En 1921 por Frederick Grant Banting, Charles Best, James Collip y John Macleod de la Universidad de Toronto (Canadá) consiguieron aislar un extracto pancreático que denominaron Isletina, que reducía la glucemia en los animales. Después, provocaron una diabetes experimental en perros y, una vez desarrollada la enfermedad, comprobaron que la administración del extracto de páncreas reducía los niveles de glucosa en la sangre y suprimía la eliminación de glucosa por la orina. Por estos estudios, MacLeod y Banting recibieron en 1923 el Premio Nobel de Medicina. El 11 de enero de 1922 Banting y Best llevaron a cabo el primer uso clínico de un extracto obtenido a partir de páncreas de animales, que posteriormente llamaron insulina, en un paciente diabético de 14 años de edad nombrado Leonard Thompson. Desde entonces se ha conseguido diseñar distintos tipos de insulina, en 1979, David Goeddel consiguió fabricar insulina humana por métodos de ingeniería genética y en 1981 John Ireland introdujo la pluma para la administración de insulina.

La metformina fue el primer fármaco hipoglucemiente oral. Se obtuvo de una planta (Galega officinalis: yerba o ruda galega o cabruna) utilizada durante siglos por la medicina popular en el tratamiento de la diabetes. La metformina quizás fuera descubierta como fármaco por el eminente médico filipino Eusebio García, quien la había utilizado en 1949 (con el nombre de flumamina) en una epidemia de malaria, observando que el fármaco producía una marcada reducción de los niveles de glucosa en sangre, lo que pensó que podría explicar sus acciones antiparasitarias. En 1957, el médico francés Jean Sterne, que trabajaba en los laboratorios Aron de Paría y conocía los escritos de García utilizó metformina en el tratamiento de los pacientes con diabetes tipo 2. En la actualidad, casi 60 años más tarde, la metformina es el fármaco de elección en todas las guías de práctica clínica para el tratamiento del paciente diabético.

2. La píldora anticonceptiva:

Son fármacos que no previenen, ni tratan ni curan enfermedades. En 1938, Sir Charles Doods, bioquímico inglés, descubrió el dietilestilbestrol, un estrógeno de síntesis, que se recetaba entre 1950 y 1975 a las mujeres embarazadas para evitar el riesgo de aborto espontáneo y para tratar las hemorragias del embarazo. Los estrógenos son producidos por los ovarios y la placenta en los primeros 7 días del ciclo menstrual de la mujer y promueven el crecimiento y desarrollo de mamas, útero y vagina y facilitan el contorno femenino. En 1951 los químicos Carl Djerassi, Luis Ernesto Miramontes, y George Rosenkranz de la compañía Syntex en Ciudad de México sintetizaron la noretisterona, un análogo de la progesterona activo por vía oral. La progesterona es una hormona liberada por el ovario y la placenta. Durante el ciclo menstrual, acondiciona la capa interior del útero (el endometrio), para facilitar la implantación del embrión; si no hay fecundación, los niveles de progesterona disminuyen al final del ciclo menstrual, el endometrio se desprende, y se produce la menstruación. Durante el embarazo, la progesterona ayuda a mantener un embarazo seguro.

En 1952, Gregory Pincus y John Rock descubrieron que estaban usando métodos similares para alcanzar metas opuestas. Pincus había inducido un estado anovulatorio en mujeres tratadas con dietilestilbestrol y Rock lo había inducido administrando progesterona entre los días 5 y 24 del ciclo menstrual, observando que tras suspender el tratamiento se producía una hemorragia menstrual. En 1955 prepararon una píldora (llamada Enovid) en la que combinaban un estrógeno (mestranol) y un progestágeno (noretinodrel). Los estudios se iniciaron en 1956 en Puerto Rico, y el año siguiente en Haití y Ciudad de México. A pesar de los buenos resultados obtenidos, en 1957, el gobierno de los Estados Unidos dio luz verde para la comercialización del Enovid, no como anticonceptivo, sino para regular la menstruación y el 23 de junio de 1960, la píldora recibía el permiso para ser vendida explícitamente como anticonceptivo oral. En España no se autorizó la píldora anticonceptiva hasta octubre de 1978, aunque desde 1964 se utilizaba un fármaco (Novial 21), con propiedades similares, para regular el ciclo menstrual. Es de señalar que la píldora anticonceptiva no previene, ni trata mi cura una enfermedad, sino que son fármacos diseñados para modular una función normal del organismo y prevenir algo tan fisiológico como el embarazo.

3. Los corticoides:

Unos fármacos para todas las ocasiones. A comienzos del siglo XX se demostró que al quitar las glándulas suprarrenales los animales desarrollaban una enfermedad parecida a la enfermedad de Addison, que mejoraban cuando se administraban extractos de la corteza suprarrenal. En 1934 Edward Calvin Kendall en la Clínica Mayo, logró preparar, a partir de los extractos de suprarrenales, un compuesto, al que denominó cortina, que contenía unas 30 sustancias. Con una de ellas, denominada compuesto E, logró en 1947 aliviar a un paciente con Artritis Reumatoide, por lo que Kendall lo denominó cortisona, ya que derivaba de la corteza suprarrenal. En 1944, sintetizó una pequeña cantidad de dehidrocorticosterona o compuesto A, en 1945 Thadeus Reichstein sintetizó la corticosterona y en 1946-47 Sarret y Kendall sintetizan los compuestos E y F a los que denominaton cortisona e hidrocortisona, respectivamente. En 1949 los trabajos de Kendall y Philip Showalter Hench demostraron el espectacular efecto de la cortisona en el tratamiento de la artritis reumatoide, lupus eritematoso, fiebre reumática, dermatomiositis, polimiositis y otras enfermedades autoinmunes. En 1950, Hench, Reaichstein y Kendall recibieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina “por sus estudios de las hormonas de la corteza suprarrenal, su estructura y efectos biológicos”. Desde entonces los glucocorticoides han demostrado que exhiben potentes acciones antinflamatorias e inmunosupresoras (supresión de rechazo de trasplantes), razón por la que se utilizan, muchas veces de forma indiscriminada, para el tratamiento “de casi todo” y como forma de “enmascarar lo que no sabemos diagnosticar”.