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Feliz Día de la Madre

Dedicado a todas las madres, que no se acuestan, que se levantan catorce veces todas las noches, que preguntan lo mismo una y otra vez, que viajan con un botiquín como el SAMUR, que repiten y seguirán repitiendo frases como estas, que decir no dicen nada, pero que cuando las dicen ellas, lo dicen todo.

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Ilustración: Adrián Vélez

 

Hoy, primer domingo de mayo, es el día de las guardianas de la salud por excelencia…

¡Feliz día de la Madre, guapas!

 

 

Remedios prodigiosos, laxantes para todos, viva el descontrol

¡Qué bonitos los anuncios y qué antiguos! ¡Y qué barbaridades, oiga!

¡Uy, qué bonito es esto oiga y qué antiguo! Así decía una de las mil ingeniosas frases de la película “Amanece que no es poco”, una película donde pasaban cosas maravillosas, surrealistas y muy poco convencionales. Pero hoy no vamos a hablar de películas poco convencionales sino de lo poco convencionales y políticamente incorrectos que son los anuncios de medicina y medicamentos antiguos.

Tenemos que aclarar que, actualmente, la publicidad médica o farmacológica es una de las más controladas, de las que más prohibiciones tiene, más legales y de las que más exámenes tienen que pasar antes de que el público la pueda ver. Ahora, cuando contemplamos los anuncios antiguos nos sonreímos, qué menos, y luego nos sorprendemos o al revés. Nos parece inverosímil que algo así pudiera anunciarse y para el gran público. Así, una familia entera podía ver cosas tan impensables como médicos fumando, sexismo puro y duro, remedios 100% efectivos sin serlo y bueno, juzgad vosotros mismos lo que hemos encontrado por ahí.

Niños que aman los medicamentos, sobre todo, los laxantes. ¡Claro que sí! Ahí, bien de ánimos. Entendemos que los niños muchas veces no quieren tomar los medicamentos pero esto…

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Laxettes Ad (1952) from mid-centurylove.tumblr.com

 

Y en este packaging, la niña directamente está poseída o lo que viene siendo ser un poco jonky pero claro, como saben a caramelos, ella no tiene la culpa.
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Ahora, no asustarse, que vienen unas cuantas drogas en frascos, literalmente. De heroína, cocaína, L.S.D., opio, cannabis… como este frasco de heroína Bayer que a parte de quitar la tos de tu hija la dejaba “suavesita”, a la niña, no a la tos.

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El señor de Pepto Cocaina, ¿por qué se frotará las manos mientras sonríe con cara maliciosa? Porque va a hacer fenomenal la digestión… tenemos dudas.

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Photo: Found in Mom’s Basement

 

Si no os sorprendéis con este anuncio, es que os habéis pasado con alguno de los medicamentos anteriores o sois de cartón  😉 . Veamos, los creativos y clientes de este “medicamento” debieron de pensar: cómo podemos decir en un mismo anuncio que el producto funciona tanto para personas como animales… Ya está, no hay otra, los ponemos juntos en la cama, sonriendo eso sí, que con ponerlo en el texto varias veces no se va a entender. ¡Venga, muy bien, perfecto, pues listo!

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Photo: The U.S. Food and Drug Administration

 

En fin, que nos despedimos con el siguiente anuncio que no es un anuncio de medicamentos, es de cigarrillos. Menos mal… Nop, igual o peor. Fumar es muy malo para la salud incluso aunque sea la marca más fumada por los doctores en esos años (que no doctoras, por supuesto, ñiiiii).

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Photo: architecturendesign.net

Punk Park

(Espacio ingobernable)

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En los 70´, el movimiento punk vivió una época de esplendor. Literatura fanzinera, música de melodías breves y agresivas, bailes espamódicos, cine a cuentagotas, pintura… fueron algunos de los marcos de expresión de una generación que, a su manera, luchaba contra las convenciones y el orden establecido.

La anarquía y el caos que evidenciaba este movimiento en sus más diversas manifestaciones fue, aún continúa siendo, el quebradero de cabeza de un sistema que trata no sólo de atenuar las consecuencias de su aparición sino de, además, identificar y aislar sus causas para combatir y erradicar situaciones futuras. Sin embargo, a falta de un diagnóstico profundo y afinado del porqué, o los porqués, de su origen y desarrollo hasta el momento el sistema sólo se ha conseguido paliar sus efectos (L-DOPA).

Rebasado ya los sesenta años de edad, confeso seguidor de este fenómeno en mi juventud, echo la vista atrás y sonrío con ironía ante la vida.

Hoy, por ayer y por anteayer, ansío el orden y la disciplina contra la que me rebelaba de joven, y también hoy, por la semana pasada y por hace un año y cuatro meses, cuando me diagnosticaron la enfermedad, detesto el caos que se ha instalado en mi cuerpo. Porque, hoy por hoy, los miembros y órganos que componen esta democracia parlamentaria que es mi cuerpo, cuyo deber es hacer cumplir la voluntad de su máxima autoridad representativa, la de mi cerebro, boicotean el orden establecido y minan las instituciones y convenciones que conforman mi conducta.

Hoy, 11 de abril, Día Mundial del Párkinson, es tiempo de rebelarse y reivindicar mayor inversión en investigación para acabar con esta enfermedad.

Hoy, como ya proclamaban The Stooges allá por el 73, es hora de «Search and destroy».

 

Collage: Leticia Jiménez // Texto: Marcel Lemarc

Una tarde en el circo

4 de febrero. Día Mundial contra el cáncer.

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“Hacía un rato que la función había empezado y hasta entonces todo había ido dentro de lo esperado. Durante la actuación de los payasos, la mujer, desde su butaca, en la parte más elevada de la grada, había pasado más tiempo fijándose en la luz que emitían los ojos de sus hijos que en lo que ocurría en la pista central. Complicidad que había compartido con el padre de las criaturas, tres asientos más allá. Después apareció el funambulista, y durante unos minutos, ella pudo sentirse también sobre el alambre. Vértigo que continuó con el vuelo de una joven pareja de trapecistas. Pero las actuaciones estelares, esas que por sí solas justifican que un domingo por la tarde, una familia elija pasar una tarde en el circo en lugar de hacer cualquier otra cosa, todavía estaban por llegar.

Como había sucedido anteriormente, el maestro de ceremonias se colocó en el centro de la pista, pero en esta ocasión algo había cambiado en su gestualidad, en la rectitud casi militar de su cuerpo, en el dilatado silencio que no hizo otra cosa que elevar la expectación de los asistentes. Fue entonces cuando los focos comenzaron a girar indiscriminadamente iluminándolo todo: el techo de tela, los palcos, la salida de emergencia…Y la mujer quedó enmarcada en un halo de luz poderoso y circular, creando una estampa casi virginal. Con una mezcla de desconcierto y vergüenza, bajó las escaleras con la ligereza que sólo nos movemos en sueños. En la pista central, un tramoyista traía con urgencia un biombo que parecía un enorme acordeón y el maestro de ceremonias, tomando a la mujer de la mano, la condujo tras él. Cuando lo retiraron, portaba un casco y un ceñido traje rojo que brillaba como una plaga de luciérnagas en una noche sin luna. Otro operario apareció empujando un cañón y él mismo la ayudó a introducirse en él. A pesar de la impresión, ella no pudo hacer otra cosa que participar del espectáculo. Luego, alguien encendió la mecha y un cuerpo centelleante atravesó el cielo de la carpa deteniéndose en el momento de impactar contra la red de seguridad dispuesta al otro lado de la pista. El público tardó en reaccionar lo que la mujer en comenzar a incorporarse, todavía asustada y un poco dolorida, sobre la telaraña gigante. El cañón fue cambiado al instante por una rueda de madera que se desplazaba sobre una peana. Ella miró hacia el público y sólo vio una masa de luz abarcándolo todo. Inmediatamente después, su cuerpo yacía contra la madera fría, con los brazos y las piernas extendidas y atadas, recreando algo así como la versión femenina del “Hombre de Vitrubio”. El lanzador de cuchillos se había vendado los ojos. Ahora, los dos habían dejado de ver: él por gallardía, ella por terror. Notó una brisa fugaz en su muslo derecho cuando el primer puñal se clavó contra la madera en un golpe silencioso y seco. Su corazón se aceleró como no recordaba. El resto de la exhibición la pasó rezando a cada punzada que sentía acariciando su cuerpo. Minutos después, el mismo lanzador le ayudó a desengancharse de aquellas ataduras que la habían fijado a aquel pedazo de madera. Como si ya hubiera empezado a habituarse a aquello, hizo una especie de reverencia al público sin poder evitar que su cuerpo siguiera temblando. Ya había enfilado las escaleras que la devolverían a su familia y a su vida cuando notó cómo una mano se ciñó fuerte a su muñeca. El hombre, cuya cara estaba partida en dos por un sinuoso bigote negro, vestía un traje dorado y portaba un látigo en la mano. Ella, temiéndose lo peor se asomó a un lado para contemplar, en el centro de la pista, una enorme jaula de oro, donde tres enormes leones se paseaban inquietos de un lado a otro. Inesperadamente, la mujer esquivó al domador, que ahora parecía una estatua, con el brazo derecho estirado y la cuerda colgando de su mano como una serpiente anestesiada. Cuanto llegó a la jaula, abrió la pesada puerta y en cuanto estuvo dentro, la cerró con cuidado. Luego se quedó inmóvil unos segundos mirando, una por una, a las fieras, que merodeaban a su alrededor. Un repentino rugido hizo estremecerse a varios espectadores, pero ella no se alteró. Lejos de huir, decidió acercarse a una de las bestias. Cuando estaba tan cerca que notaba su respiración, se puso de cuclillas, acercó su cara a la del animal y luego, lentamente, aproximó su mano a la cabeza colmada de una imponente melena. Y así permaneció durante largo rato. Poco después, como si hubieran sido sometidos a una sesión de hipnosis los tres leones descansaban con el sosiego de unas crías recién alimentadas. La mujer se dirigió a la puerta y salió. En el centro de la pista, recibió una ovación atronadora, pero hubo varias voces que sonaban por encima de las demás. Vio cómo tres siluetas, dos de ellas muy pequeñas y una más grande, recortaron la claridad que emitían los focos y la alcanzaron fundiéndose en un abrazo inmenso. Fue entonces cuando el techo de la carpa se abrió y del cielo cayeron miles de flores que lo llenaron todo de luz y color”.

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Hoy, 4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer, dedicamos este relato a todas las personas que han luchado, están luchando o lucharán contra esta enfermedad para poder disfrutar aún más, si cabe, de cada instante de sus vidas.

Ilustración: María Portela / Relato: Adrián P. Avendaño